UN FUTURO CONTIGO
HIS CITY-GIRL BRIDE
Penny Jordan



Prlogo

EL jefe del Departamento de Parejas Perfectas se rasc el ala irritado.
 - Mira que es mala suerte - se quej a su recluta ms reciente y con menos experiencia -. Han convocado una reunin de todos los ngeles del Departamento de Cupido
para hablar del estado actual del romance. Cada vez ms gente se niega a enamorarse y a comprometerse. Si esto contina as, nos vamos a quedar sin trabajo. Y justo
tienen que convocarla cuando estoy casi sin gente y acabo de confeccionar una lista de parejas perfectas. Es demasiado tarde para pararlo y, adems,... esta temporada
estoy decidido a que alcancemos los objetivos que nos hemos marcado. No quiero que el idiota de la Seccin de la Tercera Edad me diga que ha conseguido ms parejas
que nosotros. Pero no hay nadie para hacer el trabajo.
 - Estoy yo - le record el nuevo.
El jefe suspir y estudi la sonrisa esperanzada de su subordinado. Tener entusiasmo en el trabajo era muy importante, pero tambin lo era la experiencia. El problema
era que tena que emparejar a seis parejas. No tenan ni idea de que estaban hechos el uno para el otro, haba que organizar su romance.
No tena ms remedio que darle el caso al recin llegado.
 - Todas estas parejas han sido estudiadas detenidamente. Son cien por cien compatibles. En este departamento, no unimos parejas si no estamos completamente seguros
de que sern duraderas. Nada puede salir mal. T solo tienes que ocuparte de que todos estn en el lugar y en el momento apropiado. Sigue mis instrucciones al pie
de la letra. No experimentes ni tomes atajos, entendido?
Nadie haba nacido sabiendo, pero aquel estudiante haba tenido la mala suerte de hacer que un perro chino de pedigr de Nueva York se enamorara perdidamente de
la siamesa de su vecino. Por suerte, todo haba terminado bien. En realidad, l quera que la gata se emparejara con otro, pero...
 - Hola, qu tal?
El nuevo recluta hizo una mueca al ver a uno de los cfiros ms traviesos.
 - Estoy ocupado, as que vete a molestar a otro - le contest. Al instante, se dio cuenta de que haba hecho justo lo que no tena que hacer porque a aquel cfiro
le gustaba especialmente saber que molestaba.
 - Que me vaya as, por ejemplo? - dijo soplando. Al hacerlo, los papeles que llevaba el nuevo en la mano, con todos los nombres de las parejas, salieron volando
junto con las instrucciones de su jefe.
El cfiro se arrepinti al momento y lo ayud a recoger todo.
El recluta intent desesperadamente averiguar quin iba con quin y, al final, crey tenerlo claro.
 - De qu pareja te vas a ocupar primero? - pregunt el cfiro.
El nuevo tom aire.
 - De esta - contest mostrndole los nombres.
El cfiro frunci el ceo al ver las direcciones.
 - Y cmo se van a conocer?
 - No s, ya se me ocurrir algo.
 - Quieres que te ayude? - pregunt encantado. Aquello era mucho ms divertido que soplar las hojas de los rboles, que era lo que le dejaban hacer.
 - No - contest, pero, al ver cmo tomaba aire de nuevo, cambi de parecer.
Lo primero era hacer que se conocieran.
Que se conocieran... s...

Captulo 1

MAGGIE no se poda creer que se hubiera puesto a llover con tanta fuerza de repente. Le dola la cabeza de conducir tan concentrada en la carretera. Nada ms ver
el anuncio, haba decidido comprar la casa. Estaba segura de que era lo que su adorada abuela necesitaba para superar su tristeza.
Saba que nada podra reemplazar a su abuelo, pero estaba convencida de que volver a vivir en la primera casa que haban compartido y que estaba llena de recuerdos
de su amor le hara mucho bien. Maggie era una mujer de las que tomaba una decisin y nada ni nadie poda hacerle cambiar de parecer. Por eso, era una mujer de negocios
de mucho xito... lo suficiente como para ir a la subasta de la finca de Shorpshire en la que haban vivido sus abuelos.
Haba crecido oyendo historias de aquel lugar, pero ella era de ciudad. Las fincas, el barro, los animales y los granjeros no eran para ella. A ella le gustaba su
empresa de cazatalentos, su piso en el centro y sus amigas, todas solteras y profesionales, como ella. A sus abuelos los adoraba porque haban estado ah cuando
sus padres se haban separado, la haban apoyado, animado y querido. Le daba mucha pena ver a su abuela, que haba sido una mujer muy fuerte, tan frgil y perdida.
Hasta que no vio el anuncio de la subasta de Shopcutte, la mansin georgiana, las tierras de labranza y los dems edificios, incluida la Dower House en la que haban
vivido sus abuelos, no haba sabido qu hacer. Incluso haba llegado a pensar que poda perder a su abuela tambin. Sin embargo, ahora saba que haba encontrado
la manera perfecta de alegrarla. Tena que conseguir la casa.
Si no hubiera sido por el aguacero de agua que estaba cayendo, ya habra llegado al pequeo pueblo donde se iba a celebrar la subasta, situado junto a la propiedad,
y en cuyo hotel haba reservado una habitacin.
El cielo estaba negro y no haba coches en la carretera, que se iba haciendo cada vez ms angosta.
No se habra equivocado de salida? No sola, hacer cosas as. Ella siempre controlaba todo.
Desde el ltimo pelo de su perfectamente cortado y arreglado cabello rubio hasta las uas exquisitamente arregladas y pintadas de los pies, Maggie era la viva imagen
de la elegancia y la disciplina femeninas. Su cuerpo era la envidia de sus amigas, as como su cutis impecable... tambin su impecable vida personal, sin ningn
tipo de atadura emocional. Maggie era una de esas mujeres con las que los hombres no se atrevan a jugar. Despus de ver el caos de sus padres con sus relaciones
sexuales y emocionales, ella haba decidido mantenerse soltera y, hasta el momento, ninguno de los muchos hombres que conoca le haba hecho cambiar de opinin.
 - Pero eres demasiado guapa para estar sola - le haba dicho un pretendiente, que haba obtenido por respuesta una mirada fra y despreciativo.
A veces, se planteaba dejarse llevar por la intensidad emocional y el deseo fsico que otras mujeres experimentaban, pero se apresuraba a apartar semejantes pensamientos
de su mente. Para qu? Estaba muy bien como estaba. Y mejor iba a estar cuando fuera la propietaria de Dower House.
Era ridculo que la hubieran hecho ir hasta all. Haba intentado comprarla antes de que saliera a subasta, pero la agencia no se lo haba permitido. As que all
estaba...
 - No me lo creo - exclam al ver que la carretera cruzaba por un ro poco profundo y suba por la pendiente de enfrente.
Irritada, se meti en el agua. "Toma campo", pens.
Adems del ruido del motor, comenz a or otro ruido que, inexplicablemente, hizo que se le erizara el vello de la nuca. En seguida vio por qu. Una tromba de agua
iba directamente hacia ella a mucha velocidad.
Por primera vez en su vida, sinti pnico. Apret el acelerador, las ruedas giraron, pero el coche no se movi...
Finn no estaba de buen humor. La reunin haba durado mucho ms de lo que haba credo e iba a llegar tarde. Iba pensando en sus cosas cuando vio un coche que no
le sonaba de nada en mitad del ro y una tromba de agua que se le iba encima.
No le apeteca tener que ponerse a rescatar a visitantes inesperados a los que no se les ocurra nada mejor que cruzar el ro con la que estaba cayendo en un coche
tan poco apropiado. Redujo las marchas de su Land Rover y frunci el ceo.
Haba amasado la fortuna que le haba permitido retirarse gracias a aquel cerebro perfecto para los negocios que su maestro deca que tena, pero no quera volver
a aquel mundo. Estaba contento con lo que tena en aquellos momentos y quera que durara. El problema era que los propietarios de la granja Ryle no le iban a renovar
contrato dentro de tres meses, cuando finalizaba el anterior. Por eso, haba decidido hacerse con Shopcutte. Saba que subastaban la finca en lotes, pero l la quera
entera.
Era muy importante para l preservar la intimidad y la soledad. Gracias a los aos que haba trabajado en la City como uno de los mejores analistas financieros,
poda permitirse comprar ambas.
Los que lo haban conocido cuando tena veintipocos aos no se creeran el hombre en el que se haba convertido. Era diez aos mayor, por supuesto, que entonces...
Entonces, el dinero le haba dado acceso a un mundo de empresas, modelos y drogas, pero pronto se haba dado cuenta de que era un mundo gobernado por la avaricia
y el cinismo. l no se haba dejado embaucar por el sexo y las drogas, pero otros no haban tenido tanta suerte.
Tras la muerte de un compaero por sobredosis, la vida que llevaba comenz a darle nuseas. Al ver cmo muchas mujeres se ofrecan a hombres de negocios a cambio
de droga y cmo aquel mundo valoraba la riqueza material y no la humana, un da se despert y decidi que no quera seguir perteneciendo a l.
Quizs, injustamente culp a la vida de la ciudad de pecados que cometan los seres humanos. Se cuestion qu quera. Paz, una vida ms sencilla, ms sana y ms
natural.
Su madre proceda del campo y, obviamente, l haba heredado esos genes. Decidi irse. Sus jefes le suplicaron que se quedara, pero l ya haba tomado una decisin.
Quera una granja donde tener cultivos biolgicos y animales.
A diferencia de Maggie, en cuanto Finn oy el rugido del agua supo lo que significaba, as que par el coche. No se iba a poder cruzar, ni siquiera con su 4x4. Mir
el coche de Maggie, malhumorado. Era un descapotable ltimo modelo con el que solo un tonto habra intentado cruzar.
El agua le llegaba ya por la mitad de la puerta y segua subiendo. En pocos minutos, podra arrastrarlo la corriente con su rubia ocupante dentro.
Volvi a arrancar el coche y fue muy despacio hacia el de Maggie, que no se poda creer lo que le estaba ocurriendo. Esas cosas simplemente no pasaban... y, menos,
a ella. Ahog un grito cuando el coche comenz a moverse hacia un lado. Se la iba a llevar la corriente. Poda ahogarse incluso. Haba visto un Land Rover detrs
y se dijo que se estaba poniendo nerviosa sin razn. Si l poda cruzar, ella tambin. Intent poner el coche en marcha.
Finn no se lo poda creer. Pero aquella mujer pensaba de verdad qu el coche iba a arrancar?
Se coloc a su lado y baj la ventanilla.
Al verlo, Maggie lo mir de forma desdeosa. Finn se dio cuenta de que era una mujer de ciudad y su enfado se multiplic. Le hizo seas para que bajara la ventanilla
tambin mientras la miraba con el mismo desprecio.
Maggie no le hizo caso al principio, pero el coche comenz a moverse de nuevo.
 - Qu diablos est haciendo? Es un coche, no un submarino.
Maggie se enfad ante su tono de voz. Normalmente, su aspecto le garantizaba que el sexo contrario no le faltara el respeto.
 - Intentando salir del ro.
 - Va a tener que abandonar el coche - le indic Finn viendo que se volva a mover. Estaba claro que, de un momento a otro, se lo poda llevar el agua.
 - Y cmo me sugiere que lo haga? - pregunt ella con frialdad -. Abro la puerta y salgo nadando?
 - Eso sera peligroso... la corriente tiene mucha fuerza - contest l ignorando su sarcasmo -. Salga por la ventanilla y sbase al techo. Mi coche est cerca,
as que podr llegar a l y meterse por la ventanilla del copiloto.
 - Qu? - dijo Maggie. No se lo poda creer -. Llevo un traje de diseo y unos zapatos muy caros. No quiero echar toda mi ropa a perder trepando por un Land Rover
lleno de barro.
Finn nunca haba conocido a nadie que lo irritara ms.
 - Bueno, si se queda donde est, adems de perder los zapatos, probablemente perder tambin la vida. Tiene idea ... ? - se interrumpi al sentir otra embestida
del agua. Ya estaba bien -. Vamos, muvase - le orden. Para su propia sorpresa, Maggie, obedeci sin miramientos. Al sentir dos brazos fuertes que tiraban de ella
para meterla por la ventanilla como si... fuera un saco de patatas hizo que se sintiera completamente ultrajada. Entr de cabeza, sin aliento y sin zapatos.
Sin ni siquiera tener la decencia de pararse a mirar si estaba bien, aquel hombre estaba avanzando hacia la otra orilla. Consigui sentarse, mir hacia atrs y vio
que a su coche se lo acababa de llevar la corriente ro abajo. Sinti que estaba temblando, pero el conductor del Land Rover no pareca preocupado por ella. Llegaron
a tierra firme y comenz a subir la ladera.
"Unos segundos ms y esta idiota habra muerto", pens Finn furioso. Hasta que el ro bajara, la finca estara aislada.
 - Djeme en el centro - dijo Maggie en tono desdeoso -. Si puede ser, frente a una zapatera- aadi. Se dio cuenta de que no tena zapatos, ni maletas, ni bolso,
ni tarjetas de crdito...
 - En el centro de qu? - pregunt Finn incrdulo -. Dnde diablos se cree que est?
 - En una carretera nacional, a unos diez kilmetros de Lampton - contest ella muy segura.
 - En una nacional? Le parece esto una nacional? - dijo l con irona.
No. Para empezar, era de una sola direccin, as que... as que se haba equivocado. No poda ser, ella no se equivocaba nunca en ningn aspecto de su vida.
 - En el campo, las cosas son diferentes - dijo -. Una vieja carretera podra ser una nacional.
Su arrogancia lo enfureci.
 - Para su informacin... esta carretera es privada y solo lleva a una granja... la ma.
Maggie abri como platos sus ojos marrones. Se qued mirando a Finn mientras intentaba asimilar lo que le acababa de decir. Tena el pelo muy oscuro y necesitaba
un buen corte. Hizo una mueca de desaprobacin al ver que llevaba una cazadora muy usada. La hostilidad que senta hacia ella era evidente y experiment lo mismo
hacia l.
 - Debo de haberme equivocado entonces - dijo encogindose de hombros. Solo ella saba lo mucho que le costaba admitir que haba hecho algo mal -. Si no me hubiera,
medio secuestrado, habra podido dar la vuelta...
 - Dar la vuelta? - la interrumpi Finn -. Si no hubiera aparecido, no creo que estuviera viva en estos momentos.
Sus palabras la hicieron estremecerse, pero disimul.
 - Cunto tiempo tarda el agua en bajar?
 - Podran ser das - contest impaciente. Gente as no se debera perder en el campo. Tenan tanta idea de lo peligrosa que poda ser la Naturaleza como un nio
de lo arriesgado que era cruzar la autopista.
- Das...?
Finn la mir y vio pnico en sus ojos. Se pregunt qu lo habra originado. Y a l que le importaba aquella mujer?
 - Cuntos... das?
Finn se encogi de hombros.
 - Depende. La ltima vez que hubo una inundacin as, dur ms de una semana.
 - Una semana... - repiti desesperada. Si era cierto que esa carretera solo llevaba a casa de aquel hombre, la iba a tener que pasar con l.
Gir la cabeza y mir por el cristal de atrs. Vio su coche enganchado en una rama. Sinti pnico y ansiedad. Lo haba perdido todo. A regaadientes, tuyo que admitirse
a s misma que estaba a merced de su rescatador.
Finn la mir. Qu estara haciendo una chica de ciudad como ella en un lugar tan remoto? Desde luego, no tena pinta de que le gustara el campo. Finn oli problemas.
Finn reconoca los problemas cuando los vea, pero, inexplicablemente, se meti solo en la boca del lobo.
 - Si tiene amigos por aqu, puede llamarlos desde mi casa para decirles lo que ha ocurrido.
Qu diablos estaba haciendo, invitndola a involucrarlo en su vida? No quera eso. Aquella mujer lo sacaba de quicio. Tanto como para... tomarla entre sus brazos
y comprobar si aquellos labios saban tan bien como pareca.
Apret los dientes. Qu le estaba sucediendo? Sacudi la cabeza.
 - No he venido a visitar a unos amigos - dijo Maggie.
Finn esper a que le dijera a qu haba ido, pero ella no lo hizo y l se pregunt por qu lo fastidiaba tanto que no hubiera confiado en l. Normalmente, habra
agradecido que mantuviera las distancias.
Maggie se enfad al darse cuenta de que aquel hombre estaba esperando que le contara a qu haba ido a Shorpshire. Como si fuera una nia a la que un adulto le estuviera
pidiendo cuentas. No era asunto suyo. Por qu iba a tener ella que contarle nada a aquel... granjero?
Estaban en lo alto de la colina. La carretera era todava ms estrecha y transcurra entre pastos verdes hasta una bonita casa de estilo Tudor. Maggie vio un rebao
de animales que se apartaban de la valla al paso del coche.
 - Qu son? Llamas?
 - No, las llamas son ms grandes. Son alpacas. Las tengo por la lana.
 - La lana? - repiti Maggie.
 - S, la lana - insisti l con sarcasmo -. Es muy apreciada y muy cara. Seguro que su diseador la ha empleado para hacer ese traje.
La molest tanto cmo haba dicho "diseador" que fue a responderle, pero l encendi la radio y su voz qued ahogada por la del locutor.
 - Parece ser que no somos los nicos a los que ha pillado la tormenta - coment Finn.
 - Gracias - dijo Maggie -, pero no necesito traductor. Hablo ingls.
Faltaban seis das para la subasta. Seguro que las aguas habran descendido para entonces. Ojal no hubiera ido antes para hablar con la agencia para intentar convencerlos
cara a cara de que le vendieran la casa antes de salir a subasta. Estaba dispuesta a pagarles muy bien por Dower House. Todo por ver a su abuela feliz.
Estaban llegando a la granja. Maggie vio gallinas y patos. Una escena idlica. Para otros, claro, no para ella.
 - Vamos a dejar las cosas claras - le dijo l -. Estoy tan descontento con la situacin como usted, sobre todo, teniendo en cuenta que no he sido yo el estpido
que ha intentado cruzar un ro en plena crecida ni el que se ha equivocado...
 - Cuando llegu al vado, no haba agua - lo interrumpi Maggie bruscamente -. Sali de la nada, como si... - "como si la mala suerte me estuviera esperando", quera
decir, pero no lo hizo -. Como propietario de este lamentable lugar, supongo que tendr usted la obligacin legal de sealizar adecuadamente lo peligroso que es
el vado.
Finn no le dijo que no era el propietario de la granja. No era el momento.
 - La carretera es privada - sonri desafiante -. Por eso, no hay necesidad de poner ninguna seal.
 - Me parece muy bien, pero explqueme cmo lo sabe uno si no lo pone en ningn sitio.
 - No hace falta que lo ponga en ningn sitio. Est muy claro cuando se ve en el mapa una carretera de un solo sentido que termina en mitad de la nada. Mujeres -
explot irnicamente-. Por qu son incapaces de mirar bien un mapa?
Maggie ya haba escuchado suficiente. Sobre todo porque una vocecilla interior le estaba diciendo que l tena parte de razn.
 - S mirar un mapa perfectamente y s cmo son las personas tambin. Usted es el hombre ms rudo, arrogante e... irritante que he conocido en mi vida - le espet.
 - Y usted es la mujer ms imposible del mundo - contest l.
Se miraron en silencio con patente hostilidad.

Captulo 2

MAGGIE llam a su secretaria para darle orden de que cancelara todas sus tarjetas de crdito y pidiera otras nuevas. - Quiere que se las mande donde est? - pregunt
Gayle.
 - No... mejor al hotel, por favor - contest Maggie -. Otra cosa. Cuando informes a la aseguradora y al taller de lo que le ha ocurrido al coche, diles que necesito
que me presten otro.
No quiso entrar en detalles y se apresur a marcar el nmero de su abuela desde el telfono mvil que Finn Gordon le haba prestado. No le haba dicho lo que iba
a hacer, solo que sala de viaje de negocios.
La fragilidad de la voz de Arabella Russell al contestar el telfono la emocion.
Finn estaba de pie junto a la puerta, con una taza de t en la mano.
 - Ests bien, cario? - dijo Maggie con ternura.
Se alej de la puerta preguntndose por qu lo molestaba que hubiera un hombre en su vida.
Se haban dado los nombres a regaadientes. A pesar del estado en el que se encontraba, Maggie era una mujer deseable. Intent tranquilizarse repitindose que a
l siempre le haban gustado las morenas de ojos azules, pero se sorprendi mirndola.
Tras haber llamado a su abuela, Maggie mir a su alrededor. La habitacin que Finn le haba asignado era grande y, gracias a Dios, tena bao. Por las ventanas se
vean los prados y las colinas cubiertas de rboles. La luz del otoo estaba desapareciendo. Qu iba a hacer all?, se pregunt con amargura.
Le haba pedido que le dejara su ordenador para mandar un correo electrnico a Gayle contndole lo que haba pasado.
 - No tengo. Prefiero tener control sobre quin entra en mi vida - haba sido su contestacin.
Por supuesto, haba sido un ataque contra ella. Maggie sospech que odiaba la tecnologa. Aquel hombre era un neanderthal. Todo el mundo tena ordenador, menos l,
claro. No crea que hubiera en el mundo ningn hombre que la irritara ms y, cuyo estilo de vida fuera ms diferente al suyo. Rez para que el cauce del ro bajara
cuanto antes... y no solo por la subasta.
Finn estaba en la cocina escuchando el parte meteorolgico en la radio. Nadie pareca poder explicar el origen de aquella tormenta, que, por lo visto, solo haba
afectado a unos cuantos kilmetros a la redonda de su propiedad.
Finn cruz los dedos para que el ro bajara y pudiera ir a la subasta. Prefera pujar en persona que por telfono. Le gustaba ver las caras de sus contrincantes
para ver sus puntos fuertes y sus puntos dbiles. No esperaba que hubiera mucha gente interesada en la casa principal y en las tierras de cultivo, pero s en las
casitas repartidas por la finca. Bajo ningn concepto quera compartirla con otros propietarios. l necesitaba intimidad, l quera...
Se gir cuando se abri la puerta de la cocina y entr Maggie. Se haba quitado la chaqueta del traje y la blusa que llevaba le marcaba la silueta del pecho, agradablemente
voluminoso para un cuerpo tan delgado. Verla con camisa de seda, pendientes de oro, falda impecable negra y sin zapatos lo hizo sonrer.
Ella levant el mentn inmediatamente.
 - Una sola palabra - le advirti -. Una sola palabra y lo...
 - Qu? - la ret -. Me tirar algo a la cabeza? Un zapato quizs?
 - Soy una mujer madura - le dijo Maggie -. No arrojo cosas... nunca.
 - Tampoco se arroja en brazos de su novio? - se burl l -. Pobre.
Maggie no poda creerse lo que estaba oyendo. Cmo diablos se atreva a meterse en asuntos tan personales?
 - No tengo novio - contest.
Finn saba que estaba mintiendo. Aquella mujer era la perfecta reencarnacin de lo que ms odiaba de la vida que haba dejado atrs. Entonces, por qu quera mirarla,
estar cerca de ella? Haba visto mujeres ms guapas y ms dispuestas a tener relaciones sexuales. Aquella tena una alambrada de cinco metros alrededor para alejarlo,
que era exactamente su intencin. Y por qu una parte de l no paraba de preguntarse qu sentira abrazndola, besndola...?
Apret los dientes ante aquellos pensamientos.
 - Voy a encerrar a las gallinas. Si quiere cenar algo, el frigorfico es suyo.
"El frigorfico es mo? Quiere que cene sola? Vaya hombre tan hospitalario", pens mientras lo vea avanzar por el csped. Si hubiera estado en la City, habra
estado trabajando todava. No sola salir antes de las ocho, a veces, incluso ms tarde y la mayora de las noches cenaba con clientes o amigos. Si cenaba con amigos,
elegan cualquier restaurante de moda de la City y, si iba con clientes, un sitio igual de caro, pero ms discreto.
Su piso tena una cocina de acero de vanguardia, pero no sola cocinar. Saba cocinar, por supuesto. Bueno, ms o menos. Su abuela cocinaba maravillosamente. Siempre
la haba animado para que se concentrara en sus estudios y la verdad era que nunca haba tenido tiempo para aprender las tareas del hogar.
Pens en cenar algo y retirarse a su habitacin. Mir la mesa que haba en el centro de la estancia y vio que estaba cubierta de papeles. Haba una vieja silla delante
de la estufa. Toda la casa tena un aire viejo que evoc en ella sentimientos que prefiri no analizar.
Cuando era pequea, su madre la haba llevado de una casa alquilada a otra despus del divorcio. Cada vez que conoca a un hombre, se iban a vivir con l y, cuando
la relacin se terminaba, vuelta a hacer las maletas. A algunos, una vida as les habra hecho anhelar estabilidad comodidad y una relacin, pero a ella le haba
hecho tener muy claro que quera ser completamente independiente.
Aquella casa le recordaba aquellos tiempos y aquella vida, y no le gustaba. No haba nada en su vida actual que fuera viejo, nada suceda al azar. Todo lo que la
rodeaba era como ella: brillante, limpio, cuidado, planeado, ordenado y controlado.
As haba sido hasta el momento. Se mir los pies descalzos. Nunca iba descalza, ni siquiera cuando estaba sola en casa. Ir descalza era sinnimo de ser pobre y
vulnerable, algo que le haca sentirse dbil y tener miedo, lo que la enfureca.
Abri al puerta del frigorfico. Se estaba volviendo peligrosamente retrospectiva. Al mirar el interior, se qued de piedra.
Finn abri la puerta trasera y se quit las botas Le haba costado un buen rato poner a todas las aves a buen recaudo, pero finalmente lo haba conseguido.
Tena fro y hambre. La inesperada reunin con el criador de alpacas le haba impedido preparar el chile que tena pensado para la cena. Tena muchos papeles que
mirar y no le apeteca lo ms mnimo. Tal vez fuera buena idea comprar un ordenador.
Vio a Maggie mirando dentro del frigorfico con los ojos cmo platos.
 - Qu pasa? - le pregunt acercndose.
 - No hay nada envasado - Contest consternada.
Tena hambre y haba esperado una cena... bueno, por lo menos, una pizza.
Finn frunci el ceo.
 - Y qu esperaba? Esto es una granja, no un supermercado - le dijo con severidad -. Vivimos
al principio de la cadena alimenticia, no al final.
 - Pero hay que cocinarlo todo - protest Maggie. Lo estaba mirando con tanto desdn y arrogancia, que Finn tuvo ganas de zarandearla.
 - No estamos en un restaurante de alta cocina. Por supuesto que hay que cocinarlo.
 - No tengo hambre - dijo ella cerrando el frigorfico de un portazo.
 - Ya se ve. Por su aspecto, cualquiera dira que se alimenta de hojas de la sobrevalorada achicoria - dijo l en tono desagradable.
Maggie no saba qu la haba molestado ms, su desprecio hacia su cuerpo o hacia su forma de vida. Cmo era posible que un hombre como l supiera el nombre del
ingrediente de moda del momento?.
 - Bueno, pues yo s tengo hambre - dijo l abriendo la nevera de nuevo.
Al tenerlo tan cerca, Maggie percibi el calor que desprenda su cuerpo y su fuerza masculina, que la perturbaba por mucho que se empezara en evitarlo. Qu demonios
le estaba sucediendo?. Nunca se haba dejado impresionar por un cuerpo musculoso. Y tena una cara por la que cualquier modelo habra pagado miles de dlares. Cmo
era posible que, con el pelo tan oscuro, tuviera unos ojos tan azules?
 - Ha cambiado de opinin? - le pregunt Finn.
Aunque, al principio, no le haba parecido atractivo, tena que reconocer que aquel hombre era muy guapo.
 - Qu ... ? Yo ... ? - Maggie le pregunt si le estaba leyendo el pensamiento.
 - Pareces hambrienta - le aclar l.
Pareca hambrienta! Maggie sinti que se ruborizaba, pero se dio cuenta de que era imposible que Finn se refiriera a lo mismo que ella, era imposible que supiera
lo que estaba pensando y sintiendo... S, sintiendo.... por un hombre al que apenas conoca y al que no quera conocer. Qu le estaba ocurriendo? Aquellos pensamientos
era imposibles, inadmisibles, impensables. Se quedaron mirndose con la puerta de la nevera abierta y Maggie sinti una sensacin extraa, como un cosquilleo. Su
cercana masculina, en el ms puro estilo primitivo, la hizo sacudir la cabeza para intentar que se vaciara de las imgenes erticas que la estaban haciendo ruborizarse.
Aquello no le haba pasado nunca. Nunca haba imaginado, soado ni deseado imaginar ni soar cosas as. Le pareci que l aire que estaba respirando estaba lleno
de deseo y excitacin. No lo entenda. Era como si algo o alguien la estuviera obligando a ver a Finn de otra forma...
Finn se qued mirando a Maggie al ver que se le dilataban las pupilas. Se le haba acelerado la respiracin, haba abierto la boca y sus pechos suban y bajaban.
Era imposible no mirarla. Sinti deseos de cerrar la puerta de la nevera y tomarla en sus brazos...
Se apart de ella.
 - Iba a hacer chile para cenar. Hay para los dos - le dijo.
Lo haba dicho en un tono raro, como si lo molestara compartir la cena y estuviera rezando para que ella dijera que no quera. Por qu lo iba a hacer? No pensaba
irse a la cama sin cenar por satisfacer a aquel arrogante. De ninguna manera.
 - No ir a cocinar vestido as? - le pregunt mirando su vieja cazadora.
l la mir y ella sinti una descarga elctrica por la columna que no haba sentido en su vida.
 - No, claro que no - contest l ms amable -. Por qu no va empezando usted mientras yo subo a darme una ducha? Aqu tiene la carne picada - aadi sacando una
bandeja -. No tardar.
Maggie mir la bandeja, fue hacia la encimera y la abri. Tendra que haberle dicho antes de que se hubiera ido que ella no era la sirvienta de nadie y que se hiciera
l la cena, pero ya era demasiado tarde y no tena ms remedio que ponerse a cocinar. No iba a admitir, ni bajo tortura, que no saba cocinar.
No poda ser tan difcil. Record a su abuela cocinando mientras ella haca los deberes en la mesa de la cocina. La vio sonriendo, yendo de la sartn, al fregadero
mientras la estancia se impregnaba de olores maravillosos...
Irgui los hombros. Poda hacerlo. Tena que hacerlo. No iba a dar su brazo a torcer ante un... granjero.
Lo primero era una sartn. Obviamente, estaran junto a los fuegos. Encantada de lo inteligente que era, fue hacia el armario. Cinco minutos despus, haba abierto
todos los armarios hasta encontrar, en el del lado contrario, lo que buscaba. Y los hombres tenan la osada de decir que las mujeres no empleaban la lgica. Ja!
Ech el contenido de la bandeja en la sartn con una mueca de asco. Encendi uno de los fuegos, puso la sartn encima y se apart. Solo tena que esperar a que se
hiciera. Bien.
Finn se sec el pelo y dej la toalla para agarrar una camisa. No quiso analizar por qu se haba afeitado tambin.
Le lleg un olor penetrante. Aspir y frunci el ceo. Algo se estaba quemando. Sali corriendo sin ponerse la camisa.
Maggie no entenda qu estaba pasando. La cocina entera estaba llena de humo. Y qu olor!
Era imposible que la carne picada estuviera ya.
Recordaba que su abuela tardaba ms!
Se acerc a los fuegos con cuidado. Estaba a punto de retirar la tapa de la sartn cuando Finn entr corriendo.
 - Qu diablos hace? - dijo dejando la sartn en el fregadero sin ceremonias. Quit la tapa e hizo una mueca de disgusto.
 - No es culpa ma que la cocina no funcione - se defendi Maggie.
 - La cocina! - exclam l entre dientes -. Yo dira, ms bien, que es la cocinera lo que falla. Se puede saber por qu no le ha puesto agua?
Agua. Maggie trag saliva y mir en otra direccin.
 - Ha echado agua, verdad?
Maggie volvi a tragar saliva. A su abuela no le gustaba que mintiera, pero en esa ocasin...
 - No lo ha hecho - concluy Finn sin poder crerselo.
Maggie se encogi de hombros.
 - Somos de diferentes escuelas de cocina...
 - Usted no tiene ni idea de cocinar. Qu buena suerte la ma. Tengo que hospedarla en mi casa y, adems, hacerle la comida - dijo en tono hosco -. Dgame, cuntos
defectos ms posee usted? No sabe consultar un mapa, no sabe cocinar, no...
 - Basta.
Maggie no saba quin de los dos se haba quedado ms sorprendido de su voz al borde de las lgrimas.
Se hizo el silencio. El enfado dio paso a la sorpresa, que dio paso a una tensin sensual que desemboc en...
 - Lo siento.
Maggie pens que haba sido la nota de sinceridad en su disculpa y las lgrimas que le impedan ver lo que hicieron que terminara entre sus brazos al intentar salir
de la habitacin.

Captulo 3

LO siento. No quera ofenderla - se disculp Finn quitndole el pelo de la cara. Estaba temblando ligeramente y Finn not que su cuerpo...
 - No me ha ofendido - contest ella con voz ronca. No poda dejar de mirarlo. Sus miradas se haban encontrado, se haban gustado y se haban fundido. No quera
dejar de mirarlo.
 - Voy a preparar algo de cena - anunci l. Saba que deba soltarla, pero no poda, no quera.
Maggie neg con la cabeza.
 - Es a ti a quien me quiero comer - susurr -. No quiero comida. Solo a ti, Finn.
Levant la cara hacia l y supo que aquello era lo mejor que haba hecho en su vida.
Finn intent frenar la escalada de deseo, pero, al mirarse en aquellos ojos llenos de pasin, fue como si se lo llevara la riada de agua que haba acabado con el
coche de Maggie.
La bes tentativamente, al principio, explorando las curvas de sus labios, pero, al sentir que se apretaba contra l y se le aceleraba la respiracin, termin gimiendo.
 - Bsame, Finn - susurr Maggie insistentemente -. De verdad.
 - As?
Finn le puso la mano en la nuca y se miraron a los ojos. Se besaron con furia, pero sabiendo lo que hacan, sabiendo que se deseaban mutuamente. Se prodigaron infinidad
de besos apasionados y rpidos, como si temieran que aquello se fuera a terminar. Poco a poco, los besos se tomaron ms lentos y lnguidos.
Maggie, con los ojos cerrados, sabore la textura de la boca de Finn. Nunca un hombre la haba besado de forma tan sensual. Con solo besarla y abrazarla haba conseguido
que todo su cuerpo lo deseara. Todo l era como un afrodisaco que haca que lo anhelara con tanto ardor que le costaba respirar. l tambin la deseaba. Aunque no
se lo hubiera dejado claro con sus besos, su cuerpo ya lo haba traicionado.
Maggie se adentr cautelosamente en su boca. Not que l se tensaba y temblaba.
 - No lo hagas a no ser que sea de verdad - le advirti Finn con los ojos consumidos por el fuego del deseo.
 - Es de verdad - dijo Maggie. Mir a su alrededor. Finn se dio cuenta de lo que estaba buscando y la gui escaleras arriba en silencio.
Su dormitorio estaba enfrente del de Maggie. Estaba amueblado con sencillez y objetos normales. En cualquier otro momento, a ella le habra parecido vulgar y sin
estilo, pero lo nico importante era que la cama era grande, de hierro.
Haca fro y Maggie se estremeci.
Al verla, Finn record el fro que haca cuando se mud. No tena calefaccin central, pero se haba acostumbrado.
Volvi a tiritar y se acerc instintivamente a l en busca de calor. La sensacin de sus brazos alrededor de su cuerpo fue tan intensa, que Maggie sinti que se
le doblaban las piernas. Se besaron y le pareci que el calor de su cuerpo la estaba envolviendo por completo. Sinti sus manos por el cuerpo y comenz a temblar,
pero no de fro sino de deseo.
Finn no pudo resistir la tentacin y explor la silueta de sus pechos. Not sus pezones endurecidos a travs de la seda de la blusa. Se embriag del erotismo de
verlos apretados contra la tela y comenz a hacer crculos a su alrededor con el pulgar.
Maggie se olvid del fro. Desliz las palmas de las manos por el torso desnudo de Finn. Se mora por verlo y por tocarlo. Ya, oh, s, ya.
Descubri que, si lo tocaba con las puntas de los dedos desde la base del cuello hasta las muecas, se estremeca y, si bajaba por el pecho hasta descansar la mano
en el cinturn de los vaqueros, se estremeca mucho ms.
Al recorrerle la columna vertebral arriba y abajo, Finn consigui que Maggie dejar de pensar en la reaccin de l para fijarse en la suya. La excitacin hizo que
se le pusiera la piel de gallina.
Exhal cuando se aproxim a los botones de su blusa. Al sentir sus dedos en la piel, le pareci que no le llegaba el aire.
Al quitarle la blusa, Finn se dio cuenta de que lo que estaba ocurriendo daba al traste con la vida que l crea querer.
Maggie suspir al ver tanta sensualidad masculina en sus ojos.
Finn apret los dientes al darse cuenta de lo mucho que la deseaba. La tensin sexual entre ellos era inaguantable.
Finn se inclin para besarle primero un pecho y, luego, el otro. Maggie jade y su cuerpo se arque hacia l en muda splica.
Aquello fue demasiado. Ella era demasiado. Finn perdi el control. La desnud y la tumb en la cama.
Maggie tembl al sentir la colcha fra en la espalda, pero el calor del deseo acab con el fro rpidamente. Senta sacudidas de deseo. Finn se tumb sobre ella.
Grit de placer al sentir sus manos en la piel.
 - Finn - grit abrazndolo con las piernas y besndolo con pasin -. Ahora, Finn - suplic -. Ahora.
Era como una riada en su propio torrente sanguneo, la calidez del sol en una play tropical, la claridad mgica del cielo helado y la pureza de los copos de nieve
recin cados. Era el placer ms intenso que Maggie haba sentido en su vida. Finn llen su cuerpo con tanta alegra y su corazn con tanta emocin, que sus ojos
lloraron y su boca dej escapar palabras de amor. Era una revelacin y, de alguna manera, una afirmacin. Un mundo en el que ella nunca haba credo, pero que, en
secreto, siempre haba querido conocer. Era Finn y era amor. Su cuerpo descendi de las supremas cotas de placer que el suyo le haba hecho alcanzar, se gir y mir
al hombre que haba cambiado su vida para siempre.
Se miraron a los ojos y ella le acarici la cara. Finn se la agarr y la bes.
 - Te quiero - dijo Maggie viendo la sorpresa seguida de emocin en los ojos de Finn.
Ella tambin se sorprendi de lo que acababa de decir y, de hecho, se enfad consigo misma por haber pronunciado esas palabras porque la estaba haciendo sentirse
muy vulnerable. Intent volverse, pero Finn se lo impidi.
 - Qu te pasa?
 - Nada - contest Maggie.
 - S, te pasa algo - la contradijo l -. Te has enfadado porque me has dicho que me queras.
 - No - neg Maggie con decisin viendo que l no la crea -. No s por qu lo he dicho - aadi -. Ha debido de ser una estpida reaccin adolescente despus de...
 - Haber hecho el amor? - concluy Finn.
Maggie neg con la cabeza. Ella ms bien iba a decir "habernos acostado" para recordarse a s misma cul era la situacin real. Sin embargo, algo en los ojos de
Finn le haba impedido decirlo.
 - Maggie, somos adultos. Por qu nos cuesta tanto decir la palabra "amor" para describir lo que acabamos de compartir? Ha sido amor lo que ha habido entre nosotros.
Negarlo...
 - Pero si apenas nos conocemos - protest ella -. No podemos.
 - Qu es lo que no podemos hacer? No podemos decirnos que nos hemos enamorado cuando es la verdad? No nos lo podemos demostrar? - dijo abrazndola con tanta
fuerza que no la dejaba respirar -. No s qu nos ha pasado, Maggie, pero lo que s s es que ahora que ha...
Le acarici el pelo con ternura y ella dej encantada que le demostrara aquel amor.
 - Qu?
 - Ahora que... esto... - respondi l.
La bes mientras le acariciaba la espalda. Maggie cerr los ojos y gimi. Ya habra tiempo despus de analizar sus sentimientos y controlarlos. De momento...
De momento, lo nico que quera era sentir la piel de Finn, su cuerpo.
Maggie sonri triunfar al destapar el guiso, que ola de maravilla. Haba preparado coq au vin para comer, gracias a un viejo libro de recetas que haba encontrado
en la cocina.
Sin duda, Finn lo llamara "guiso de pollo".
Finn. Cerr los ojos y sucumbi a la tentacin de recrear mentalmente todo su cuerpo, centmetro a centmetro.
Haca cuatro das, ni saba de su existencia. Haca tres das, lo conoca, pero podra haber vivido sin l, pero ahora... ahora... sonri amorosamente. Segua sorprendida
de la rapidez con la que se haban enamorado a la vez que desesperada por recordarse continuamente todas las razones por las que no deba comportarse de manera tan
irracional e impulsiva, por qu no deba dejar que sus emociones la controlaran en lugar de ser al revs y por qu no deba sentirse tan encantada, subyugada y enamorada
de Finn.
Sin saber muy bien cmo, haba dejado que l la convenciera de que lo que sentan el uno por el otro era demasiado especial como para ignorarlo. Estaban enamorados.
Se lo susurraban con pasin, lo decan juntos durante esos momentos, lo gritaban juntos al llegar a cotas de placer insospechadas y se lo prometan durante los momentos
de gloria que seguan.
Maggie haba conseguido quitarse, con cautela, el escudo protector para pasar a creerse lo que estaba sintiendo, a hacer planes...
Aquella maana, se haba despertado y haba visto a Finn mirndola.
 - Qu pasa? Qu haces? - le haba preguntado soolienta acaricindole la cara.
 - Mirarte - haba contestado l con voz ronca -. Sabas que te aletea la nariz cuando duermes?
 - Eso no es cierto.
 - Claro que s - haba insistido l con ternura -. Y abres la boca un poquito, - lo que me tienta a besarte para comprobar si tus labios son tan suaves y clidos
como parecen.
 - No ser porque no hayas tenido oportunidad de comprobarlo ya... - brome ella.
 - S, pero no es suficiente. Nunca, nunca, nunca tendr suficiente. Quieres que te lo demuestre?
Maggie se haba redo y habla intentado escapar en broma, pero l la haba agarrado entre sus brazos para no dejarla marchar.
 - Lo s - haba dicho Finn mirndola tan sensualmente, que Maggie haba sentido mariposas en el estmago de excitacin -. Y tambin s que si te toco aqu... -
haba aadido jugueteando con sus pezones.
Por fin, se haban levantado a las diez de la maana. "Muy tarde para un granjero", - le haba dicho l.
Estaba con los animales, no tardara en volver. Y, entonces...
Maggie volvi a dejar la cacerola en el fuego y se concentr en el parte meteorolgico que estaban dando en la radio.
El nivel de las aguas haba descendido y no haba nubarrones a la vista.
Eso quera decir... "que llego a la subasta", pens con alivio.
Llevaba toda la maana, mientras preparaba la comida, haciendo planes. La granja solo estaba alquilada, segn le haba dicho Finn. Eso quera decir que poda volver
a la ciudad con ella. Frunci el ceo. Para ser sincera consigo misma, la preocupaba un poco que un hombre de su edad solo tuviera una propiedad alquilada. Y, adems,
una falta de ambicin absoluta... claro que eso se poda arreglar.
Era inteligente y, con su apoyo y su ayuda, seguro que no tardara en conseguir trabajo en la City. Si ella, con los contactos que tena, no poda ayudarlo... Mientras
tanto, estaba dispuesta a mantenerlo econmicamente. Se le haca un poco raro imaginrselo viviendo en su pequeo piso decorado con elegancia minimalista, pero ya
se las arreglaran. Lo llevara a una buena tienda para comprarle un buen traje y hara reserva en uno de sus restaurantes favoritos para presentarle a sus amigos.
Organizaran una boda pequea y elegante y se iran de luna de miel a algn lugar lejano y romntico.
Enfrascada tan feliz en sus pensamientos, no oy a Finn. Se quit las botas y se qued mirndola. Era cierto que haca solo cuatro das le haba parecido la mujer
ms inaguantable del mundo? Sonri, se acerc a ella y la abraz antes de besarla en el cuello.
 - Mmm... qu bien huele - le dijo.
 - Mi perfume - respondi ella con voz ronca. Cmo era posible que con tan solo un beso quisiera...?
 - No, me refera a la comida - dijo Finn.
Maggie fingi indignacin mientras lo abrazaba.
 - Han dicho en la radio que el nivel del ro est bajando - ronrone apretndose contra su cuerpo mientras l le acariciaba el brazo en el mismo lugar donde la
noche anterior su boca la haba hecho gemir.
 - S, yo tambin lo he odo.
Sin dejar de mirarlo a los ojos, Maggie record que no haba hablado con su abuela. Estaba acostumbrada a que se fuera de viaje de negocios y estuviera ilocalizable
un par de das, pero quera llamar a Gayle para que le dijera a su abuela que pronto se pondra en contacto con ella.
No quera llamarla directamente porque, aunque Arabella Russell nunca haba emitido juicios sobre los dems ni haba querido imponer su forma de ver las cosas a
los que la rodeaban, quera explicarle lo sucedido en persona. No se senta cmoda pensando que su abuela poda estar preocupada, pero tampoco quera que Finn le
tomara el pelo por preocuparse por ella.
Saba que poda parecer ridculo que una mujer hecha y derecha como ella se preocupara por lo que a su abuela le pudiera parecer que se hubiera enamorado de un desconocido
y no quera arriesgarse a que Finn se burlara.
Al ver la preocupacin en sus ojos, Finn no tuvo ms remedio que admitirse a s mismo lo que haba credo saber desde la llamada que Maggie haba hecho el primer
da. No era el nico hombre en su vida. Al principio, se dijo que no importaba, pero no era as.
Quera sinceridad por encima de todo ya que el amor que senta por ella as se lo peda. Y si le deca que ya lo saba? Quizs...
 - Finn, puedo llamar por telfono? Tengo que llamar a una persona - pregunt Maggie viendo que l frunca el ceo.
 - A alguien especial? - pregunt l todo lo casualmente que pudo cruzando los dedos para que ella le confesara que haba otro hombre, pero que, debido a lo que
comparta con l, la relacin con el otro se haba terminado.
Alguien especial.  Maggie se tens.  Su abuela era especial, pero no quera hablarle a Finn an de ella ni de por qu significaba tanto en su vida.  La cautela que
haba regido su vida hasta haca cuatro das no la haba abandonado por completo.
 - No... A mi secretaria.
Finn se dio cuenta inmediatamente de que le estaba ocultando algo.  En silencio, rez para que se lo contara antes de...
Confundida, Maggie esper una respuesta. Por qu una simple llamada haba hecho que se preocupara tanto?
"No hay nada que hacer", pens Finn. Decidi que, si Maggie no se lo deca, tendra que forzar un poco el tema, dejar clara su postura, poner las cartas sobre la
mesa y decirle lo que esperaba de su relacin y que solo admita por su parte un completo compromiso.
Saba que era una apuesta arriesgada. Lo habra sido incluso si no hubiera habido otro hombre en su vida porque haca muy poco tiempo que se conocan. Sin embargo,
deba hacerlo.  Tal vez, al ver lo que quera de ella, bajara la guardia y le dijera la verdad.
Finn tom aire, la agarr de los hombros y la mir a los ojos.
 - Antes de que hagas nada y de que hables con nadie, quiero decirte una cosa... una cosa que no le he dicho ni he querido decirle nunca a ninguna mujer.
Hizo una pausa.  Maggie intent adivinar de qu se trataba.  Estaba impaciente por llamar a Gayle para decirle que pronto volvera a Londres para poder contarle
a Finn los estupendos planes que haba estado haciendo para ambos. Cuanto antes volviera a la ciudad, antes podra ponerse manos a la obra para empezar la maravillosa
vida que iban a compartir.
 - Dime - le dijo con curiosidad.  Ya se haban confesado su amor, as que no poda ser eso.
 - Quiero que te vengas a vivir conmigo.
Finn vio la sorpresa en sus ojos y sinti que el corazn le pesaba dentro del pecho.
 - Maggie? - le dijo al ver que ella no deca nada-.  S que tienes tu vida y tus compromisos en la ciudad... - baj la mirada para que no viera lo que estaba pensando.
La haba escuchado cuando le haba hablado de su empresa de cazatalentos intentando que no viera el asco que le daba la vida que le estaba recordando.
En un principio, Maggie pens que estaba de broma, pero se dio cuenta de que no era as.  Sinti nuevas emociones, pnico, miedo, furia, luchando contra el amor
que senta por l.  Gan la traicin, la desilusin y el retorno a la realidad desde un mundo de fantasa.
 - Que me venga a vivir aqu? Es imposible - contest apartndose de l -. Cmo has pensado ... ? - aadi mirando a su alrededor y de nuevo a l.
 - Imposible? Por qu? -insisti l aunque saba el motivo y se acababa de dar cuenta de que Maggie no le iba a contar la verdad.  Aquello le dola.  Le haba
dicho que lo quera, pero la haba odo llamar "cario" a otro hombre con tanta dulzura que estaba claro lo mucho que significaba para ella.
Haba esperado y rezado para que se lo contara, para que dijera algo, lo que fuera, que explicara y excusara su falta de honestidad, pero no haba dicho nada, se
haba dado a l con dulce pasin y l haba sido incapaz de resistirse aunque se despreciaba por ello.  Por primera vez en su vida, haba tenido que admitir que
no poda controlar sus sentimientos, que no poda dejar de quererla an a sabiendas de que estaba con otra persona.
Cuando le haba dicho que lo quera, le haba mentido. Le haba pedido que se fuera a vivir con l y se haba negado... obviamente por el otro hombre, pero no quera
decrselo. Si eso la converta en una mentirosa, en qu lo converta a l? Qu haba esperado or, que lo que tena con el otro no significaba nada, que solo le
importaba l, Finn? Pero dnde se crea que viva, en el mundo de Alicia en el Pas de las Maravillas?
Una aventura, unos das de sexo con un desconocido, eso era lo que haba sido para ella.  Cuntas mujeres as haba conocido en el pasado y cunta pena le haban
dado por lo que se estaban perdiendo de la vida. Quin le iba a decir a l que se iba a terminar enamorando de una de ellas?
Maggie estaba sorprendida. Cmo poda pretender Finn que viviera all? Lo culp por truncar sus maravillosos planes. En lugar de sentirse culpable, como debera
ser, Finn le estaba dando a entender que la culpa de todo la tena ella.  Si de verdad la quera, como haba dicho, tendra que haberse dado cuenta de lo imposible
que le resultara vivir en un lugar as.
Finn sinti que una capa de decepcin y dolor envolvan su corazn. Sinti que lo embargaba de amargura.
 - Tienes razn - dijo en tono duro -.  Es imposible. Qu vas a hacer? Te vas a ir sin dar las gracias? Tendra que haber recordado que a las mujeres de ciudad
como t les gusta pasrselo bien de vez en cuando... sobre todo, cuando nadie se tiene por qu enterar, cuando os podis ir sin ms.  Bueno, antes de que te vayas,
te voy a dar una cosa para que no te olvides de m.
Maggie no tuvo tiempo de reaccionar.  Finn se abalanz sobre ella y la presion contra la pared.  La bes con salvaje pasin, dejando al descubierto su furia...
y su deseo.
Maggie tuvo que admitirse a regaadientes que ella tambin lo deseaba.  Abri la boca y recibi besos enfadados de la suya.  Cerr los puos y lo golpe para intentar
quitrselo de encima. Quera que se apartara de ella, pero tambin quera consumirse con l en las llamas de la pasin. Lo odiaba y lo deseaba. Quera destrozarlo
y quera abrazarlo. Quera sentirlo dentro, no dejarlo salir, hacerlo su prisionero, hacer con l lo que quisiera, hacer que dependiera de ella, que la deseara,
que se muriera por ella, que...
Al soltarla Finn de repente, estuvo a punto de caerse. El hecho de que fuera l quien la rechazara hizo que lo mirara con furia.
Finn rompi el silencio. Habl sin emocin haciendo que Maggie sintiera un nudo en la garganta.
 - No s quin me da ms asco de los dos.
 - Esta maana, me has dicho que me queras y ahora...
 - No es amor - la interrumpi Finn -. Solo Dios sabe qu era, pero se pareca tanto al amor como un diablo a un ngel - aadi. Solo l saba lo mucho que le haba
costado negar sus sentimientos, anteponer el orgullo y la realidad a la intensidad y la vulnerabilidad de su amor, de aquel amor que se haba jurado a s mismo destruir.
Incapaz de hablar porque no saba lo que poda decir, cmo poda traicionarse, Maggie gir sobre sus talones y se fue.

Captulo 4

MAGGIE no se haba dado cuenta de que Shrewsbury fuera una ciudad tan activa. Haba llegado en el coche de alquiler que Gayle le haba conseguido, lo haba aparcado
y estaba buscando la tienda de ropa que su secretaria le haba indicado para adquirir algunas cosas. La ciudad haba resultado ser ms interesante de lo que haba
previsto. Tres cuartas partes estaban circundadas por el ro, y tena un rico pasado histrico.
All haban detenido la invasin galesa, all haban llegado los ricos comerciantes de lana con sus rebaos. Maggie se par en seco al ver una bonita casa con jardn
junto a uno de los arcos medievales. Al doblar la esquina, vio la tienda que andaba buscando, con un escaparate tan maravilloso como cualquiera de los comercios
que frecuentaba en Londres.
Maggie abri la puerta y una mujer de amplia sonrisa la salud. Llevaba un traje negro de corte inconfundible. Era de uno de los diseadores de moda. Maggie le explic
lo que le haba ocurrido y lo que estaba buscando.
 - Creo que tenemos justo lo que necesita - dijo la dependienta -. Una de nuestras clientas habituales, que tiene ms o menos la misma talla que usted, acaba de
cancelar parte de su pedido. Ha conocido a un hombre en Nueva York y se queda all con l.
Mientras le iba hablando, le iba dando diferentes cosas para que se probara. Maggie se enamor al instante de un abrigo de cachemira de color caramelo, tan suave
como la mantequilla y muy calentito. Al probrselo y ver la mirada de aprobacin de la dependienta, pens que le gustara que Finn la viera con l, una debilidad
que se apresur a apartar de su cabeza recordndose una y otra vez que no deba pensar en l.
Para qu? No tena necesidad. Al ver su cara de angustia mientras se quitaba el abrigo, la dependienta crey que era por el precio y le asegur que se trataba de
un diseo exclusivo.
 - Est bien. Me encanta - la tranquiliz sin poder evitar volver a recordar a Finn.
Finn, Finn. Por qu no poda dejar de pensar en l? Por qu se dejaba arrastrar por aquella fuerza destructiva que la llevaba a vincularlo con todo lo que haca?
Una hora despus, sali de la tienda con el abrigo y con un traje de chaqueta.
Por primera vez en su vida, irse de compras no la haba ayudado a recuperarse. A pesar del acogedor ambiente y del delicioso capuchino que la empleada le haba preparado,
Maggie senta un vaco fro en su interior. Tena una sensacin de tristeza y de prdida parecida a la que haba tenido de pequea cuando se vea a s misma como
a un bicho raro y envidiaba a sus amigos por tener familias felices. Eso haba sido antes de irse a vivir con sus abuelos, con quienes haba hallado amor y seguridad.
Con el tiempo, decidi que la soledad y la independencia, tanto econmica como emocional, era mucho ms valiosa que un sentimiento en el que no se poda confiar,
como tampoco poda hacerlo en los que aseguraban sentirlo por ella. De nuevo a salvo en su espacio personal, no poda entender cmo diablos se haba comportado as
y cmo haba credo haberse enamorado. Simplemente, no se lo explicaba. El amor era demasiado inestable, inseguro y voltil como para firmar??? parte de su vida.
Se felicit a s misma por haber recobrado la cordura. Lo que haba ocurrido haba sido vergonzoso, toda una debilidad desconocida en ella, pero, al menos, no haba
sufrido daos irreversibles. Sin duda, para Finn, tan guapo y sensual, no haba sido ms que otra tonta que se haba dejado engaar. Sinti que le arda la cara
al obligarse a recordar hasta qu punto haba sido una tonta. Menos mal que nunca lo iba a volver a ver, se dijo mientras miraba el reloj y se apresuraba a bajar
por las callejuelas hasta donde haba dejado el coche.
Solo tardara una media hora en volver al hotel de Lampton, al que haba llegado la tarde anterior en el taxi que la haba recogido en casa de Finn. Le haba costado
mucha paciencia y todas sus dotes de negociadora convencer al director del hotel para que le dejara dinero para pagar al taxista y le permitiera llamar a Gayle,
quien no solo haba dado razn de ella sino que le haba dado al hombre el nmero de su propia tarjeta de crdito para pagar el hotel. Para alivio de Maggie, el
dinero que su secretaria le haba dejado hasta que estuvieran sus tarjetas nuevas haba llegado por giro postal aquella misma maana.
Titube un momento al recordar la expresin de Finn al verla marchar. Finn. Lo que haba ocurrido entre ellos haba sido un acto inexplicablemente contrario a su
naturaleza y daba gracias porque, al final, hubiera triunfado la realidad y las cosas hubieran vuelto a la normalidad.
A pesar del calor que le daba su recin comprado abrigo, Maggie se estremeci. Su cabeza tard dos segundos ms que su cuerpo en darse cuenta de por qu. El hombre
que estaba de pie en mitad de la calle no era otro ms que Finn.
 - Finn - susurr mientras notaba la reaccin de su cuerpo. Primero, un fro helado de sorpresa tan peligroso como un torrente y, luego, un calor incontrolable como
un fuego a punto de devorar el bosque.
 - Maggie! - grit l bajando la guardia ante el inesperado encuentro. Le necesidad de tomarla entre sus brazos y de llevrsela a un lugar apartado donde poderle
mostrar lo que su cuerpo deseaba fue tan fuerte, que se vio a s mismo dando un paso al frente.
Al verlo ir con decisin hacia ella, Maggie, sinti pnico. Se apresur a ver cmo poda escapar. No pensaba hablar con l porque en esos momentos emocionalmente
era muy vulnerable. Vio una calle estrecha a un lado y se apresur a meterse por ella mientras el corazn le lata a mil por hora al or a Finn gritar que lo esperara.
Despus de que Maggie se hubiera ido, Finn se haba intentado convencer de que se alegraba de que se hubiera ido y se haba recordado todas las razones por las que
una relacin entre ellos nunca funcionara. Sin embargo, haba soado con ella, la haba deseado, se haba despertado a las seis de la maana hambriento de ella
no solo fsicamente, sino emocionalmente, sintindose desamparado sin ella y enfadado consigo mismo por ello.
 - Era imposible que supiera que estaba en Shrewsbury. Maggie lo saba y no poda dejar de pensar que verlo haba sido el destino. Aquello la asustaba y la enfureca,
como si ella hubiera tenido la culpa de alguna manera de su aparicin, como si lo hubiera conjurado al pensar en l. Aunque estaba huyendo de l, una parte de ella
quera que la siguiera, que la alcanzara y que...
Y qu? Que la estrechara entre sus brazos y le jurara que no iba a dejar que se fuera? Que pudiera retroceder en el tiempo hasta... ? Se estaba volviendo loca?
Era granjero, no mago.
Ignorando la vocecilla interior que le adverta que no iba a conseguir nada prolongando su agona, Finn entr en la calle por la que se haba metido Maggie. En ese
momento, apareci su vecino, que le cort el paso y se puso a quejarse de cmo estaban los tiempos para las granjas. Como saba que al hombre lo que le pasaba era
que estaba muy solo, Finn se oblig a escucharlo aunque aquello le impeda ir tras Maggie.
Qu estaba haciendo en Shrewsbury? Por qu no haba vuelto a Londres? Nunca le haba contado qu la haba llevado a Shorpshire ... haban tenido otras cosas ms
interesantes que hacer que ponerse a hablar de su agenda cotidiana.
Maggie... Finn cerr los ojos y sinti que el dolor de su prdida lo embargaba.
Maggie sac la llave para abrir la puerta del coche y mir hacia atrs. No vio a Finn en el aparcamiento. Se dijo que se alegraba de que no la hubiera seguido. Si
lo hubiera hecho, le habra dicho que estaba perdiendo el tiempo. Lo habra hecho, verdad? Arranc, par, volvi a mirar a su alrededor, y se fue lentamente.
La subasta no se iba a celebrar hasta el da siguiente por la maana, pero el agente inmobiliario encargado haba accedido a verla y Maggie tena esperanzas de poder
convencerlo para que le vendiera Dower House sin sacarla a subasta. No le importaba tener que pagar lo que fuera. Tena que comprarle la casa a su abuela; le haba
parecido ms triste que nunca cuando la haba llamado desde el hotel.
Lampton era una localidad rural pequea y tradicional, con una mezcla de varios estilos arquitectnicos que dejaba constancia de su crecimiento a travs de los siglos.
Al aparcar en la puerta de la agencia, se dio cuenta de que habra tardado menos si hubiera ido andando. Aunque con los preciosos zapatos de tacn que llevaba...
Seguro que a Finn le habran parecido poco prcticos y ridculos..., lo que, sin duda, quera decir que hacan juego con ella.
Finn. Por qu volva a pensar en l? Haba olvidado que l quera que se fuera a vivir a aquella granja apartada? Un movimiento muy inteligente. Saba perfectamente
que lo que le estaba sugiriendo era completamente imposible. Lo habra sorprendido si hubiera dicho que s.
Al menos, haba sido una manera original de deshacerse de ella.
Mientras empujaba la puerta, tuvo que luchar contra un sentimiento de prdida que quera anclarse en su corazn. Se dijo que debera dar gracias por haber vuelto
a la realidad en lugar de lamentarse por haber perdido una loca fantasa de la que haba tenido suerte de poder escapar.
 - Lo siento mucho - dijo Philip Crabtree, el agente inmobiliario -, pero tengo rdenes estrictas de subastar la finca y no vender antes.
 - Por qu? - insisti Maggie -. Estoy dispuesta a pagar lo que sea.
Al hombre le cay bien. Era obvio lo importante que era para ella Dower House, pero no poda hacer nada.
 - Lo nico que le puedo decir es que son rdenes del propietario.
 - Quin es el propietario? - pregunt Maggie... Quizs pudiera hablar con l en persona.
 - Un estadounidense que ha heredado sin esperarlo esta finca y otra ms grande tambin en Gran Bretaa. Ha dejado muy claro cmo quiere que se lleve a cabo la venta.
Iba a venir en persona, pero no ha podido porque le ha surgido algo. Lo siento - repiti, al ver la cara de Maggie - Ya veo lo mucho que quiere la casa.
 - No es para m - le explic -. Es para mi abuela - aadi resumindole la situacin.
El hombre se mostr todava ms amable.
 - Ojal pudiera hacer algo, pero tengo que cumplir las exigencias del cliente. Quizs no debera decrselo, pero no hay mucha gente interesada, as que no debe
usted preocuparse por los dems postores.
Maggie le dio las gracias y se fue. Saba que debera sentirse ms tranquila, pero habra sido mejor si hubiera sabido que la Dower House ya era suya, sin tener
que esperar a la subasta.
Adems, quera irse de Shorpshire cuanto antes. Por si acaso. Por si acaso, qu? Por si volva a ver a Finn y le deca que se haba equivocado, que haba recapacitado
y se haba dado cuenta de su error, que la amaba locamente y que le diera una segunda oportunidad...
Por un momento, se permiti regocijarse ante aquel supuesto. No porque quisiera verlo, no, claro que no, sino para que quedara claro que era ella quien tena razn.
Solo por eso. De hecho, era un alivio saber que no lo iba a volver a ver. "S, desde luego que lo era", pens d camino al hotel.
Al dejar la carretera principal y entrar en el camino arbolado que conduca a la mansin georgiana de la finca donde se iba a celebrar la subasta, Maggie no pudo
evitar fijarse en el esplendor de los alrededores. Los rboles estaban en toda su gloria otoal y el sol baaba el aparcamiento. La casa era impresionante, ni demasiado
grande ni con anejos que le hubieran restado solemnidad.
Tena una amiga en Londres que se acababa de casar con treinta y tantos aos y que estaba desesperada por encontrar una casa as y, sospechaba ella, desesperada
tambin por sacar a su flamante marido de la arena londinense donde otras muchas mujeres lo asediaban. Cuando le dijo que no le pareca bien que renunciara a su
excelente trabajo, su amiga le contest que tena pensado trabajar desde el campo y que lo nico que necesitaba era la casa apropiada. Quera una casa de estilo
georgiano, como la que tena frente a s.
No se poda negar. Era preciosa. Maggie dej el coche detrs de otros tres.
La puerta principal estaba abierta y pas al saln donde se iba a celebrar la subasta, en el que haba unos folletos como el que ella ya tena con un listado de
los objetos que se iban a subastar.
La casa principal y sus jardines, la granja y sus edificios no le interesaban... aunque los pudiera haber comprado, que no era el caso. Solo una persona extremadamente
rica podra comprar el lote entero. No, a ella solo le interesaba Dower House, que era el lote nmero cuatro.
Estaba a unos dos kilmetros de la casa principal, tena un bonito jardn privado y acceso directo a la carretera principal. Al entrar en el saln, comprob que
Philip Crabtree tena razn. Aparte del l y una joven que deba de ser su ayudante, solo haba otras seis personas.
En cuanto la vio, el agente se acerc a ella y le present a su ayudante para pasar a decirle que el hombre fornido de traje que estaba examinando, con su contable,
la desgastada seda amarilla que cubra las paredes era un constructor que quera la casa principal, las cuadras y los garajes con fines inmobiliarios, que el hombre
que estaba mirando por la ventana, era granjero, haba llegado acompaado por su hijo y estaba interesado en las tierras de labranza y que la joven pareja que estaba
de pie y nerviosa quera comprar una de las casitas.
 - Normalmente, cuando hacemos subastas en la ciudad, vienen muchos curiosos. Si hubiramos subastado muebles y otros objetos, habra venido mucha ms gente, pero
no es el caso porque el mobiliario va con las casas y no tiene valor.
Philip mir el reloj. La subasta estaba a punto de comenzar y el agente pareca preocupado. Maggie le dio las gracias por la informacin y se alej.
La tela de las paredes estaba descolorida por el sol y, a pesar de que haba viejos radiadores en la estancia, haca fro y ola a humedad y a viejo. A pesar de
ello, Maggie sinti una sensacin de preocupacin y compasin, como si la casa le estuviera diciendo lo mucho que anhelaban que la quisieran de nuevo, que le devolvieran
la vida.
Aquellos pensamientos intensos y repentinos la pillaron por sorpresa cuando el agente anunci que la subasta iba a empezar.
Mientras iba hacia el semicrculo de gente, Maggie vio que Philip estaba mirando detrs de ella, como si...
Se gir y se qued de piedra al ver a Finn. Sinti que el corazn le daba un vuelco. Cmo la haba encontrado? Cmo se haba enterado...? Intent recomponerse
dicindose cmo debera estar reaccionando, lo que debera estar sintiendo. Desde luego, no aquella mezcla de angustia: dulcemente dolorosa y de alegra. Consigui
controlarla. Cmo demonios se atreva a presentarse all sabiendo que no tendra ms remedio que hablar con l? S, as estaba mejor.
Sin embargo, bajo el enfado segua sintiendo aquella excitacin y aquel placer que su cuerpo haba registrado nada ms verlo. No pensaba ir a hablar con l en esos
momentos. Tendra que esperar a despus de la subasta, hasta que estuviera preparada y en guardia...
 - Vaya, Finn, menos mal. Empezaba a creer que no ibas a llegar.
Al ver la simpata y el alivio con los que el agente lo saludaba, Maggie puso freno a sus pensamientos. Era desagradablemente obvio que Philip esperaba la llegada
de Finn.
 - Siento llegar tarde - se disculp Finn dejando de mirarla. En cuanto el agente volvi a su sitio, volvi a mirarla y Maggie tuvo claro, por la expresin seria
de su rostro, que no haba ido a buscarla.
La ayudante de Philip, loca por hablar con Finn, casi se la llev por delante. Lleg a su lado, le sonri y se coloc tan cerca de l que, si se hubiera acercado
un centmetro ms, le habra rozado. Era obvio que estaba tonteando con l.
Y Finn, por supuesto, estaba disfrutando de su atencin. Qu hombre no lo habra hecho?
Los mir con desprecio, pensando lo horrible que era dejarle tan claro a un hombre lo interesada que se estaba por l, y en ese momento Finn la mir.
Qu vio en aquellos ojos azules e invernales? Burla, vanidad, desprecio, furia, adems de hostilidad y sospecha; todo aquello hizo que ella lo mirara con resentimiento
y orgullo. Aun as, no fue capaz de dejar de mirarlo, por lo que fue l quien dio por terminado aquel duelo.
La subasta haba comenzado y Maggie decidi concentrarse en ella. El constructor haba empezado pujando por la casa principal una cantidad que sorprendi a Maggie,
pero la verdadera se la llev cuando vio al subastador mirar detrs de ella. No pudo evitarlo. Se giro y vio que Finn, un granjero sin granja, estaba pujando por
una casa que el constructor no estaba dispuesto a soltar as como as, como lo indicaba su movimiento de cabeza por dos millones de libras.
La batalla entre Finn y el constructor sigui.
Ella, que haba credo que Finn deba de pasar apuros econmicos, estaba viendo cmo la casa se aproximaba a los tres millones.
Al llegar a los tres millones doscientas cincuenta mil libras, Maggie vio que el constructor miraba a su contable y aceptaba la derrota de mala gana.
Sin poder crerselo, vio al agente dar la enhorabuena a Finn con visible alegra y pasar a subastar la tierra.
Si crea que ella iba a felicitarlo tambin, estaba muy equivocado, pens dndole la espalda. Se ira ahora que haba conseguido lo que quera, verdad? Se ruboriz
al recordar el loco pensamiento de que haba aparecido en la subasta buscndola. Menos mal que no le haba dicho nada que le hubiera dejado ver lo que estaba pensando.
Eso la habra puesto a tiro de sus burlas y su rechazo.
Finn vio cmo Maggie se giraba. Todava no se haba repuesto de la sorpresa que le haba causado encontrarla all ni del dolor que le haba provocado darse cuenta
de que no estaba all por l.
Casi distradamente, asinti al agente dando a entender que le interesaba la tierra. Haba estado a punto de llegar tarde a la subasta por su culpa. Una noche en
la que apenas haba dormido y en la que haba soado con ella haba hecho que le ocurriera algo que nunca le ocurra: se haba quedado dormido. Nada ms enterarse
de que la finca iba a subastarse, haba decidido comprarla. Sera el colofn de una dcada de bsqueda, pero, en lugar de concentrarse en la subasta, no poda dejar
de pensar en Maggie.
Qu estaba haciendo all? Pujar por uno de los lotes, era obvio. Cul? Ni la casa principal, ni las tierras. Frunci el ceo y levant el brazo para igualar la
cantidad que ofreca Audley Slater, un granjero de la zona cuya familia llevaba varias generaciones all. Sus tierras estaban junto a las de la finca y Finn entenda
muy bien por que quena comprarlas, pero Audley defenda la agricultura intensiva mientras que l saba que poda drenar los prados y vender los derechos de pesca
del ro. Lo que quera era quedarse con los prados y devolverles su aspecto original.
A Maggie no le interesaban las tierras, as que tena que ser una de las casitas o la Dower House.
Finn volvi a fruncir el ceo. Philip no le haba comentado nada de los dems compradores, solo que haba gente interesada en las casitas y en Dower House. l no
le haba querido revelar sus intenciones y se haba limitado a decirle que le interesaban la casa principal y las tierras.
Por el rabillo del ojo, Finn vio a Audley negar con la cabeza.
Cinco minutos despus, cuando las tierras ya eran suyas, el otro granjero se acerc a l.
 - Te va a llevar media vida rentabilizar las tierras al precio que has pagado por ellas - le espet.
Maggie vio a Finn hablando con el granjero contra el que acababa de pujar. A su lado, la joven pareja se abrazaba y hablaba en voz baja.
 - No queda mucho - le dijo el agente al pasar junto a ella.
La puja por las casitas no fue muy larga. En cuanto la pareja se dio cuenta de que Finn estaba interesado, casi se dieron por vencidos. Maggie sinti pena por ellos.
Sinti que el estmago se le revolva cuando el subastador anunci la Dower House.
 - Se trata de una preciosa casa georgiana con amplio jardn y excelente ubicacin, que necesita algunas reformas. La puja comienza en doscientas mil libras.
Sin mirar a Finn, Maggie levant el folleto.
 - Doscientas mil libras - dijo con ansiedad.
As que era la Dower House lo que le interesaba. Claro, perfecta para retirarse los fines de semana con su novio. El hombre del que no le haba hablado, el que,
tal y cmo se le haba entregado, l nunca habra adivinado que tena si no hubiera sido por aquella llamada telefnica. Si Maggie se quedaba con la casa, sin duda,
la derribara por dentro, llevara a un equipo de arquitectos para rehacerla y, cuando estuviera terminada, desembarcara el mejor decorador de interiores de Londres.
La Dower House perteneca a la finca, era parte de su historia y bajo ningn concepto iba a permitir que ningn visitante de fin de semana viviera junto a l. Ninguno...
y, menos, Maggie y su pareja. Super su puja. Le costara lo que le costara, no iba a dejar que Maggie comprara Dower House. No podra aguantar tenerla cerca, aunque
solo fuera de vez en cuando, recordndole ciertas cosas que no quera recordar.
Maggie apret los dientes intentando que no se le notara el enfado. Lo estaba haciendo aposta, seguro. El subastador le haba dicho prcticamente que la casa era
suya, que no haba nadie ms interesado. Desalentada, comprob que Finn volva a igualar su oferta. Trescientas mil libras. No poda pararse..
Ignorando el inters que su batalla estaba creando en los presentes, Maggie y Finn siguieron adelante. Trescientas cincuenta, trescientas setenta y cinco, cuatrocientas...
Cuando ofreci cuatrocientas veinticinco mil, vio que el agente la miraba con preocupacin. Saber que senta pena por ella no hizo ms que azuzarla. Cuatrocientas
cincuenta, cuatrocientas setenta y cinco. Maggie estaba llegando a su lmite, pero no le importaba. Solo quera ganar... solo quera que Finn no la ganara.
Estaba de pie a menos de dos metros y, sin poder evitarlo, se gir hacia l.
 - Por qu ests haciendo esto? - le dijo en voz baja.
 - T qu crees? - contest l con la misma dureza -. No voy a permitir que te quedes con la Dower House, Maggie. No me importa lo que cueste.
Maggie sinti que la aprensin estaba a punto de igualar a la furia.
 - Quinientas mil!
Sinti un escalofro que le recorra la espalda al or a Finn pujar con voz fra y dura. Cuando l dej de mirarla y mir al agente, Maggie sinti la inusual llamada
del riesgo y, en lugar de escuchar a la vocecilla interior que le peda prudencia, se puso a hacer nmeros. Tendra que volver a hipotecar su piso de Londres poniendo
de aval su empresa, adems de dejar las cuentas a cero...
Al final, la ruina a la que se tendra que enfrentar si dejaba que su orgullo la arrastrara hizo mella en ella. Senta la tensin que reinaba en el ambiente, la
fascinacin que su duelo haba creado entre los dems. Su orgullo le dijo que no tirara la toalla, pero la realidad era que no poda seguir. Al darse cuenta de su
vulnerabilidad, sinti fuego en los ojos y no quiso pararse a pensar qu amargas sensaciones lo provocaban. Con la cabeza bien alta, mir a Finn fijamente por primera
vez desde que haba empezado la subasta. l la mir tambin con ojos fros e inexpresivos.
El agente estaba esperando que igualara la ltima cantidad que haba dicho Finn. Maggie neg con la cabeza, horrorizada por las inesperadas lgrimas que brotaron
de sus ojos. No pudo soportar ms y se fue hacia la puerta.
Acababa de llegar al coche cuando Finn lleg a su lado. Quera hablar con ella antes de que se fuera, pero se haba retrasado negociando con la joven pareja. Result
que eran de la zona; l era ingeniero agrnomo y acababa de terminar la carrera con excelentes notas. Finn decidi alquilarle una de las casitas a buen precio a
cambio de que trabajara para l.
En cuanto a Maggie y a la Dower House, saba que haba hecho lo correcto, lo nico que poda hacer, pero hubo algo en el modo en el ella lo haba mirado aceptando
su derrota que... Que qu? Que le hizo pensar que se haba comportado mal, que haba sido injusto?
 - Maggie...
Al or su voz, sinti que las emociones la envolvan. Se gir y lo mir.
 - Si vienes a pavonearte de tu victoria, no te molestes - ri amargamente -. Supongo que debera haber sabido que nunca me dejaras ganar. Qu bonito debe de ser
tirar as tanto dinero sin reparar en las consecuencias. Espero que te haya merecido la pena.
 - As ha sido - le asegur Finn igual de enfadado -. Habra pagado el doble para impedir que gente como t se hiciera con Dower House...
 - Gente como yo? - repiti ella furiosa.
 - Gente de la ciudad que viene al campo a pasar solo el fin de semana - contest l -. El campo es para vivirlo todos los das, no para venir de vez en cuando.
 - Ah, ya entiendo. Soy lo suficientemente buena como para llevarme a la cama, pero no para tenerme de vecina. Es eso lo que me ests diciendo? Mira, para tu informacin...
- se interrumpi al darse cuenta de que era la segunda vez en menos de media hora en la que sus sentimientos la llevaban al borde de las lgrimas.
 - Que nos acostramos no tiene nada que ver con Dower House - minti Finn. En su fuero interno, saba que el hecho de haber sido amantes tena todo que ver con
no quererla de vecina. No quera que compartiera Dower House, y su cama, con el hombre al que haba llamado "cario", no cuando se haba pasado toda la noche murindose
por estar con ella y segua sin querer admitir que era imposible que hubiera una relacin con Maggie.
 - Has pujado por Dower House para fastidiarme - lo acus al recobrar el control.
 - No - neg - Finn -. Quera comprar la finca entera...
 - No fue eso lo que me dijo el agente - protest Maggie -. l me dijo que nadie ms iba a pujar por Dower House.
 - Puede que creyera eso, pero...
 - Pero, en cuanto te diste cuenta de que yo la quera, decidiste quitrmela - lo interrumpi con amargura y furia.
 - Hay otras casas - apunt Finn.
 - No para m.
Pareca angustiada. Finn sinti ganas de consolarla. Haba repuesto su vestuario desde que se haba ido de su casa. Llevaba el abrigo de cachemira de color caramelo
con el que la haba visto en Shrewsbury y unos pantalones a juego con un fino cuerpo de punto que le marcaba los pechos. Estaba elegante, pero vulnerable. La delicadeza
de su pequeo rostro con forma de corazn y aquellos enormes ojos castaos hicieron que Finn se enfadara consigo mismo por sentir lo que estaba sintiendo.
Se gir bruscamente y, al hacerlo, una rfaga de viento le abri el abrigo, que no llevaba abrochado. Automticamente, se lo coloc y Finn hizo lo mismo. Sus manos
se tocaron y Maggie retir la suya como si se hubiera quemado. La de Finn fue a parar a su cadera.
Finn se encontr recordando su fragilidad y el deseo se dispar en su cuerpo.
 - Maggie.
La necesidad que se adivinaba en su voz tuvo en ella el mismo impacto que el alcohol en un estmago vaco. Se sorprendi a s misma inclinndose hacia delante para
satisfacer aquel deseo condensado en su nombre. Los dos estaban pensando en lo mismo. Desnudos, en la cama...
 - Sultame - dijo en un hilo de voz. Sinti pnico de s misma, de su reaccin, de lo que podra revelar si segua all.
Se alej de l, pero no poda ir a ningn sitio. Estaba atrapada entre Finn y el coche. Sinti el enfado y la excitacin luchando por ganar la batalla interna. Finn
estaba inclinndose.
Sus labios dijeron "no", pero fue demasiado tarde. El beso que se dieron fue hostil y vengativo, una fiera presin de labios contra labios, boca contra boca, lengua
contra lengua durante la batalla que libraron uno contra otro y contra s mismos.
El tiempo que haba estado entre sus brazos le haba enseado el peligro que representaba para ella la sensualidad de Finn, y aquel beso le dej claro que haba
hecho bien alejndose de l.
Sentir emociones tan intensas la asustaba. Saber que era capaz de desear tan apasionadamente a un hombre que la enfureca tanto, desearlo tanto que una parte de
ella estaba saboreando la salvaje pasin del encuentro, la sorprendi y horroriz. Darse cuenta de que era capaz de dejarse llevar completamente por los sentimientos
de una manera que iba en contra de todo lo que era importante para ella le hizo sentir pnico. Un pnico que la ayud a apartar la boca, a empujar a Finn, abrir
la puerta del coche y meterse dentro.
Mientras la vea alejarse dejando una estela de grava y polvo, Finn intent recuperar la respiracin y el control sobre sus sentimientos. Por qu diablos haba
hecho aquello? Distradamente, se toc el labio inferior e hizo una mueca de dolor al tocarse el lugar que Maggie le acababa de morder. Nunca haba conocido a una
mujer tan apasionada, contradictoria y peligrosa... y dese no haberla conocido nunca.
No haber conocido nunca a Maggie y, menos, sabiendo que estaba con otro hombre.

Captulo 5

ME alegro de poderla ver antes de que se fuera de la ciudad - dijo Philip al llegar corriendo al vestbulo del hotel de Maggie justo cuando ella se iba -. Siento
mucho lo de Dower House - aadi ignorando el fro recibimiento.
 - Usted me dijo que nadie ms iba a pujar por ella - le espet Maggie incapaz de controlarse, tal y como haba decidido hacer cuando lo haba visto corriendo hacia
ella. Una humillacin como la que haba sufrido a manos de Finn no era fcil de soportar.
No haba querido quedarse una noche ms en Shorpshire, as que se iba a Londres.
 - Yo crea que iba a ser as - insisti el agente.
Estaba tan angustiado que Maggie supo que le estaba diciendo la verdad.
 - Finn me dijo que quera la casa principal y las tierras. Yo di por hecho que el resto no le interesaba. l tambin me propuso comprar antes de la subasta y a
l tambin le expliqu el deseo del propietario de que se subastara en lotes. Normalmente, como ha sido l caso, se obtiene ms dinero as. Finn llevaba tiempo buscando
una granja o una pequea finca - hizo una pausa y se encogi de hombros incmodo -. Lo siento, de verdad. No tena ni idea de que fuera a pujar por Dower House.
Maggie le sonri levemente. Sospechaba lo que le haba hecho cambiar de opinin tan de repente. En cuanto se haba dado cuenta de que a ella le interesaba, haba
decidido arrebatrselo a cualquier precio.
 - Bueno, yo tampoco poda ofrecer ms - dijo fingiendo una dejadez que no senta en absoluto.
"No, pero lo ha intentado", pens Philip recordando que la casa haba alcanzado casi el doble de su precio de mercado.
Estaba acostumbrado a ver a dos personas ofuscadas por conseguir lo mismo en una subasta, la determinacin que se apoderaba de ellos para superar la puja del contrario,
pero no recordaba un ambiente tan tenso como el que se haba creado entre Finn y Maggie. Al ver la expresin de la cara de ella al abandonar la sala, se haba preocupado
y haba ido detrs para asegurarle que l no tena conocimiento previo de las intenciones de Finn.
 - S lo mucho que Dower House significaba para usted - aadi con la certeza de que haba llorado al verse derrotada -. Finn es un hombre muy generoso, un filntropo.
Quizs, si fuera a hablar con l, se la alquilara... S que lo va a hacer con una de las casitas, se la va a alquilar a Linda y Pete Hardy, la pareja que estaba
en la subasta. Estn encantados con Finn. Adems, Pete va a trabajar para l. Una de las razones por las que queran ver si podan obtener la casa a buen precio
era porque Linda es enfermera, pero Pete no tena trabajo.
Mientras digera tanta generosidad por parte de Finn hacia la joven pareja, su respuesta fue inmediata.
 - No.
Maggie se dio cuenta de que la fuerza de su negativa haba sorprendido al agente.
 - Quera regalarle la casa a mi abuela, no darle un contrato de alquiler - aadi intentando sonrer.
Aunque la explicacin era algo ilgica, lo ltimo que iba a hacer era contarle la verdad de por qu Finn se negara a hacer cualquier cosa por ella.
 - Bueno, si est segura, me voy a ir a ver a Finn - dijo Philip -. La compra de la finca va a dejar su cuenta reducida en varios millones de libras... no es que
no pueda permitrselo, no es eso.
Le estaba hablando de Finn como si ella supiera su situacin exacta.
 - No saba que la agricultura diera tanto dinero - dijo sabiendo que se iba a arrepentir por dejar llevarse por la curiosidad.
El agente se ri.
 - No es por la agricultura. De hecho, los planes de Finn en cuanto al cultivo biolgico no tienen mucha aceptacin por aqu, particularmente por parte de Audley
Slater, pero Finn no vive de la tierra. Amas una autntica fortuna como analista financiero en la City y tuvo el acierto de comprar acciones. Gan millones - le
explic.
Finn haba sido analista financiero en la City. Maggie no se lo poda creen. Era incapaz de ver a Finn como uno de aquellos jvenes de los que se contaban historias
increbles de todo tipo de excesos.
La revelacin del agente la afect ms de lo que quera admitir, pero consigui sonrer educadamente y estrecharle la mano antes de irse.
Por qu no le haba dicho nada? Por qu le haba hecho creer que no saba nada de la ciudad? Darse cuenta de lo poco que saba sobre l, de lo mucho que se haba
equivocado, reforz su miedo a las relaciones. La plaza estaba prcticamente vaca. Qu esperaba? Ver el Land Rover de Finn? Un Land Rover lleno de barro! Los
analistas financieros llevaban deportivos rpidos y caros, salan con modelos y actrices. Les encantaba la vida de la ciudad y las mujeres de ciudad. Pero no, a
Finn.
Lo nico que Finn senta por las mujeres de ciudad era desprecio...
Por todas las mujeres de ciudad o solo por una? Solo por ella?
Maggie se meti en el coche apesadumbrada. Tena un largo trayecto por delante y estaba decidida a no seguir pensando en Finn Gordon. Para qu? Al fin y al cabo,
no significaba nada para ella. Absolutamente nada.
Finn no saba qu estaba haciendo. Tena cosas mejores que hacer que perder el tiempo. Por qu tena que pedir perdn, adems? Enfrascado en sus pensamientos, avanz
por las estrechas calles hacia el hotel de Maggie. Cualquiera dira que estaba buscando cualquier excusa para verla y no era as en absoluto. Ya tena a otro hombre
en su vida y, aunque no hubiera sido as, haba dejado muy claro que no estaba dispuesta a dejar su vida en la ciudad.
Aparc y se record que, de todas formas, tena que ir al centro para ver a Philip.
 - Finn, iba justo a la oficina para llamarte.
Finn maldijo en silencio y mir hacia el hotel. El recuerdo del beso que se haban dado tras la subasta todava lo haca acalorarse...
 - Vengo de ver a Maggie Russell... me sent obligado. No saba que t tambin estabas interesado en Dower House y me temo que le hice creer que era la nica compradora
interesada.
Por suerte, he llegado antes de que se fuera.
De que se fuera? Maggie se haba ido?
Las repentinas ganas que le entraron de entrar en el coche no eran para salir corriendo tras ella, verdad?
 - Le suger que hablara contigo para ver si se la alquilabas - continu Philip -. Porque, al fin y al cabo, para ti es mejor tenerla alquilada que vaca. Adems,
sera una inquilina muy buena. Es una mujer mayor, viuda y...
 - Qu?
Finn se qued mirando al agente. Su grito lo haba dejado confundido.
 - Una viuda mayor - repiti -. Es su abuela. Maggie me cont la historia cuando vino a verme para ver si poda comprar la casa antes de que saliera a subasta. No
creo que le importe que te la cuente.
Finn s lo crea, pero le dio igual.
 - Parece ser que sus abuelos vivieron en Dower House nada ms casarse. Su abuelo muri hace poco y est preocupada por su abuela. Cuando vio que Dower House iba
a ser subastada, pens en comprarla para ella, para animarla.
Su abuela. Maggie quera la casa para su abuela! Finn digiri en silencio la informacin. Record la expresin de sus ojos cuando se dio cuenta de que le iba a
arrebatar la casa.
Aquello hizo que la viera de forma completamente diferente, como una mujer preocupada por sus seres queridos. No le haba hablado de su abuela, solo de su empresa.
Tampoco haba hablado de que tuviera pareja. Ms bien, haba dicho todo lo contrario.
Aquella tarde, mientras volva a su casa, segua pensando en ella. Al pasar por el vado, se sorprendi mirando el agua como para ver si encontraba uno de sus inadecuados
zapatos. Aquella maana, se haba dado cuenta de que llevaba otro par con tacones igual de altos, pero, en lugar de parecerle lo menos adecuado y ms peligroso para
el campo, le pareci que haba algo especial en su indumentaria que la haca nica.
No tener familia era algo que siempre lo haba atormentado. Sus padres se haban casado mayores, as que l no haba conocido a sus abuelos. Su padre haba muerto
de un infarto poco despus de que l cumpliera dieciocho aos y su madre muri menos de un ao despus. Su experiencia le haba enseado lo importante que era la
familia.
 - Y entonces Bas me dijo que no le importaba. Cunto tiempo tuviera que estar pidindomelo, pero que no iba a parar hasta que le dijera que s me quera casar con
l, as que decid darle el s inmediatamente para ahorrarnos tiempo los dos.
Maggie ri con las dems ante la historia de Lisa, que llevaba un inmenso solitario en la mano cuando semanas antes haba jurado y perjurado que nunca se casara.
Las ocho llevaban cinco aos reunindose una vez a la semana. Todas eran mujeres trabajadoras, independientes, de entre veinte y treinta y tantos aos, con casa
propia, coches, dinero suficiente para comprarse un solitario si quisieran y decididas a quedarse solteras. Pero las cosas estaban cambiando.
Maggie no estaba segura de poder decir a ciencia cierta cundo se haban empezado a operar los cambios, pero saba que era as. Haban pasado de hablar de negocios
a hablar de temas mucho ms personales. Haban empezado a colarse los nombres de sus familiares en las conversaciones, as como las confesiones de las presiones
sufridas por parte de las familias por no estar casadas y no tener hijos. El vnculo se haba hecho ms fuerte. Maggie haba disfrutado de aquel acercamiento porque
sus amigas eran importantes para ella y saba que no era la nica que pensaba as. Los amigos, tal y como saba todo aquel que leyera la prensa, se haban convertido
en las nuevas familias.
Sin embargo, las cosas estaban volviendo a cambiar y a Maggie no le estaba gustando.
Haba empezado Caitlin al volver de unas vacaciones en Irlanda y anunciar que se iba a vivir con su novio.
 - Mi hermana tiene un beb precioso - les haba dicho -, y me he dado cuenta de que soy cinco aos mayor que ella, as que, como no tenga cuidado...
 - Es t reloj biolgico, que te llama - haba dicho Lisa. As haba comenzado todo.
Ahora, todas tenan pareja... excepto ella, pens Maggie mientras las dems se rean y tomaban el pelo a Lisa. Ellas haban cambiado, no ella. Ahora hablaban de
tener otros objetivos en la vida. Mientas hablaba con sus amigas, pens que Finn, con su estilo de vida de vuelta a la naturaleza, estaba ms cerca de sus amigas
que ella. Se sinti... sinti casi como si no las conociera, como si fuera una extraa. Y, sin querer analizar por qu, decidi que Finn tena la culpa. Por qu
no? Al fin y al cabo, era culpa suya que pensara en l.
 - Por supuesto, mi madre ha saltado al ruedo - estaba diciendo Lisa - y no s cmo voy a hacer para que no me organice una boda por todo lo alto... y Bas no me
es de mucha ayuda. l la anima, ms bien. Si se sale con la suya, no s cmo voy a llegar al altar porque nunca he conocido a un hombre tan desesperado por ser padre...
 - Es lo que se lleva ahora - interrumpi Charlotte -. A los hombres les encantan los nios. Todos estn trabajando menos, haciendo menos horas, insisten en que
quieren pasar, ms tiempo con sus familias. He perdido la cuenta de la cantidad de parejas que conozco que se han ido de la ciudad el ao pasado y todo por los nios
- aadi encogindose de hombros -. La verdad es que no hay nada ms acogedor que una gran casa en el campo desde la que puedes trabajar y en la que cabe toda la
familia. Mucha gente est convenciendo a sus padres para que se vayan con ellos, tambin. Porque, claro, quin mejor para cuidarte a los nios que los abuelos?
Maggie escuch el debate que se desencaden a continuacin y sinti una punzada de dolor, de no pertenecer all, pero aquellas eran sus amigas, las mujeres con las
que haba compartido sus sueos y esperanzas durante cinco aos. Eran, junto a su abuela, su nica familia.
 - Irse a vivir al campo est de moda - apunt Tanya -. Mirad Greta y Nigel. Los que tienen recursos econmicos, quieren una casa en el campo y un pisito en la ciudad,
pe ro...
Mientras las dems seguan hablando, Maggie no dijo nada, enfrascada como estaba en su propio dolor.
 - Ests muy callada, Maggie - dijo Charlotte mirndola. No le dio tiempo a contestar porque Lisa se dirigi a ella.
 - A Maggie todo esto no le debe de hacer ninguna gracia. Te debemos de parecer todas unas traidoras, verdad? - ri.
 - No, claro que no - contest Maggie. Vio que ninguna la crey y que, de repente, haba quedado excluida de su recin estrenada proximidad. - Anteponer las relaciones
es lo que todo el mundo hace ahora, Maggie - le dijo Tanya amablemente.
Tanya saba lo que deca. Tena un buen puesto de trabajo, pero haca seis meses se haba ido de vacaciones a una isla, haba conocido a un hombre y lo iba a dejar
todo para irse con l a hacer senderismo por los Andes.
No haca falta que nadie le dijera lo que ya saba, ltimamente, haba hecho multitud de contratos con clusulas en las que se dejaba muy claro que queran tiempo
para estar con sus familias.
En el pasado, sus reuniones se haban alargado, pero ahora pareca que todas tenan algo que hacer... menos ella. Volvi a casa andando y, a mitad de camino, se
meti en un supermercado.
Una vez fuera de nuevo, se pregunt por qu haba sentido la imperiosa necesidad de comprar los ingredientes necesarios para hacer chile.
 - Abuela, por qu no te vienes a Londres conmigo? Podemos ir de compras y hay una obra de teatro muy buena - sugiri Maggie a su abuela aquel fin de semana.
 - No... no. Te agradezco que pienses en m, pero no tengo nimo. Al menos, en esta casa me siento ms cerca de tu abuelo aunque solo viviera aqu unos meses.
Sus abuelos se haban mudado a una casa ms pequea seis meses antes de la muerte de su abuelo. Maggie sinti un nudo en la garganta. Cada vez estaba peor. Estaba
cada vez ms cansada y ms derrotada, como si...
Sinti pnico. Si Finn no le hubiera impedido comprar Dower House, le podra estar diciendo a su abuela que tena una sorpresa muy especial para ella. Podra estar
viendo su alegra al pensar en volver a la casa que haba compartido con su marido recin casados. Saba que en aquella casa, habra encontrado fuerzas para seguir
adelante.
Finn... Finn...
Se levant y corri a la cocina, abri todos los armarios, buscando...
 - Maggie, qu haces?
Maggie mir a su abuela sintindose culpable.
 - Ehh... voy a hacer chile.
 - Qu?
Maggie, roja como un tomate, cerr los armarios. Qu le estaba sucediendo? Por qu, cada vez que pensaba en Finn, sentas aquellas ganas irrefrenables de comer
chile?
La asociacin de ideas era una cosa, pero llevarla hasta lmites ridculos era otra. Sentir la necesidad fsica de preparar chile para sentirse ms cerca de l,
de los momentos que haban compartido en la granja, estaba empezando a preocuparla. Por qu necesitaba aferrarse a aquellos recuerdos como si... como si fueran
un manto protector que la librara de su ansiedad?
Haba pasado ms de un menos sin verlo.. bueno, cinco semanas, dos das y siete horas con cuarenta y cinco minutos, en realidad. No las haba contado, no, si no
le importaba, qu va. En absoluto. Era completamente feliz tal y como estaba. Tena una vida perfecta, tena todo lo que siempre haba querido tener. Si su abuela...
Maldito Finn. Maldito l y maldita su idea de que la gente de la ciudad no comprara casas en el campo. Qu derecho tena a decidir lo que los dems podan o no
podan hacer? Ninguno... Excepto tener dinero suficiente como para pagar dos veces ms de lo que costaba una casa para quitrsela a otra persona. Bueno, pues que
fuera feliz en su inmensa mansin, con sus tierras y sus alpacas y su Dower House vaca... No, en realidad, esperaba que fuera desdichado porque era lo que se mereca.
No como su adorada abuela, que no mereca ser desdichada en absoluto.
Finn mir con tristeza a su alrededor. Haca tres das que haba tomado posesin de la finca, haba llevado el ganado y haba contratado a un equipo de profesionales
de primer orden para trabajar con l. Entonces, por qu no estaba feliz? En realidad, se senta muy desdichado.
Desde la biblioteca, donde haba instalado su despacho, vea por el ventanal Dower House, vaca tras su muro de ladrillo. A pesar de que la temperatura era agradable,
porque la calefaccin, sorprendentemente, funcionaba bien, la casa le pareca fra.
Segn la ayudante de Philip, necesitaba un toque femenino. Finn saba exactamente a qu mujer se estaba refiriendo. Pero ella no era su tipo. No era... Maggie.
Se enfad con la vocecilla que le haba dicho aquello. El da anterior, haba ido a ver Dower House. La estructura estaba bien, pero, por dentro necesitaba reformas,
como la casa principal.
 - Es una pena que un sitio as est vaco - le haba dicho Shane Farrell, el hombre que haba contratado como guarda -. A m, no me importara vivir aqu.
 - Haba pensado que t te quedaras con la casita que hay junto a la de Pete - haba contestado Finn.
Shane tena razn. Era una pena que una casa as no tuviera ocupante, sobre todo sabiendo...
Se levant y fue hacia la mesa. Descolg el telfono y busc el nmero de su abogado.
Cuando lleg a casa, haba una carta esperndola. Eran las nueve de la noche y haba tenido un da agotador. Gayle estaba de baja con, bronquitis y, para rematarlos
la mujer con la que haba contactado discretamente en nombre de uno, de sus mejores clientes la llam enfadada para decirle que sus actuales jefes saban lo que
estaba haciendo cuando ella haba dejado muy claro que era imprescindible que las negociaciones sobre el nuevo puesto de trabajo fueran secretas. Maggie sospechaba
que haba sido el socio de la mujer quien haba filtrado la informacin. Trabajaban en lo mismo, pero l no estaba tan bien considerado. Aun as, no poda arriesgarse
a formular la acusacin en voz alta.
Tambin la haban llamado sus clientes, enfadados tambin tras haber recibido una llamada de la mujer. Haba llegado tarde a comer con otro cliente, manitico de
la puntualidad, porque se haba pasado un buen rato al telfono intentando calmarlos. Despus de comer, haba llamado a su abuela y se haba puesto muy nerviosa
al no poder localizarla ni en casa ni el mvil, que haba insistido en que llevara.
Al final, cuando estaba a punto de irse a Sussex para comprobar que estaba bien, haba contestado el mvil y le haba dicho que no sola hacerlo cuando estaba visitando
la tumba de su abuelo porque le pareca mal.
Sin Gayle, Maggie se encontr con papeles hasta el cuello. Lo ltimo que necesitaba era la llamada de un hombre al que le haba buscado trabajo el ao anterior y
que no haba querido aceptarlo finalmente. De repente, le haba dicho que "lo arreglara todo" con su cliente porque s le interesaba.
Su profesionalidad haba sido lo nico que haba hecho que s mordiera la lengua y no le dijera cuatro cosas. Eso y la satisfaccin de decirle amablemente que "arreglarlo
todo" no estaba en su mano.
Abri la puerta de casa, recogi el correo y la cerr. El elegante edificio georgiano en el que viva no tena portero automtico, entre otras cosas, porque no iban
con la esttica arquitectnica del conjunto. Aquello a su abuela le haba encantado.
 - Lo siento, Maggie, pero no me fo de esos horribles aparatos. Me da la impresin de que no me oyen - le haba dicho mientras Maggie se rea -. Estoy mucho ms
tranquila sabiendo que ests protegida por un portero a la antigua usanza y que la puerta del portal tiene una buena cerradura. La tecnologa est muy bien, pero
donde est una buena cerradura de las de toda la vida...
Siempre que iba a visitarla, le llevaba algo de comer. No solo para ella, tambin para Bill, el portero, que era viudo y viva en el stano con un gran gato y que
no se entenda muy bien con los sistemas generales de calefaccin y aire acondicionado.
Al entrar, percibi el insoportable calor. El silencio de su casa la pona nerviosa. Incluso haba soado que se despertaba con pajaritos cantando y los sonidos
del campo.
Ridculo. Odiaba el campo. Era sucio, hmedo y estaba lleno de hombres con botas y Land Rover sucios, que se hacan pasar por modestos granjeros cuando tenan millones
de libras que utilizaban para impedir que gente como ella comprara una propiedad en su amado campo.
Se quit el abrigo y abri el correo. Se par en seco furiosa. Cmo se atreva? Fue a la cocina y volvi a salir. Recogi la carta que haba tirado y la reley.
Finn se haba enterado de que haba querido comprar Dower House para su abuela y, con la condicin de que ella nunca se fuera a vivir all con su pareja, estaba
dispuesto a alquilrsela por una suma adecuada, sobre la que tendran que hablar. Si le escriba dicindole que estaba de acuerdo, l se pondra en contacto con
sus abogados para que prepararan los documentos.
Maggie no se lo poda creer. Qu arrogancia. Atreverse a...
Se habra credo que iba a ... ? A qu se refera con aquella condicin de que no poda ir con su pareja? Qu pareja? Cmo haba podido pensar que haba estado
con l ... ? S, all vio claramente al analista financiero. Claro, para l la idea de fidelidad deba de ser estpida.
Escribirle? No, tena una idea mucho mejor!

Captulo 6

EN la autopista, Maggie intent pensar qu le iba a decir a Finn. Haba credo que, tras una noche de sueo, se le habra pasado el enfado, pero no haba sido as.
Cmo se atreva a organizar su vida! Con qu objeto haba cambiado de opinin? Para que le estuviera eternamente agradecida? Despus de esa condicin tan insultante
que haba puesto? De verdad crea que, si hubiera estado con otro hombre, se habra comportado como lo haba hecho con l? Por no decir que, si de verdad hubiera
estado con otro, jams le habra permitido que le dijera cundo o dnde tena que verlo.
Enfrascada en su enfado, fue recorriendo kilmetros hasta que el hambre hizo mella en su estmago y le record el tiempo que haca que no coma. La noche anterior
no haba cenado porque estaba demasiado furiosa y aquella maana estaba demasiado ocupada dilucidando qu le iba a decir para que no se atreviera a intentar controlar
su vida de nuevo como para pensar en desayunar. Se haba tomado solo una taza de caf y en esos momentos su cuerpo le estaba diciendo que necesitaba alimento.
Irritada, busc un sitio donde comer. Hubiera preferido llegar a Shrewsbury enseguida, en lugar de tomar desvos.
El lugar donde comi le record los lugares que sola frecuentar en Londres. Mientras esperaba a que le sirvieran la comida, estudi al grupo de jvenes, hombres
y mujeres, sentados en la mesa de al lado. Vio que, si no fuera por la localizacin, no haba mucha diferencia entre aquellas personas y sus amigos de Londres. Oy
a uno de los jvenes decir que haba dicho que no a un trabajo en Londres porque, aunque le pagaban ms, no quera renunciar a sus amigos ni a su familia.
Maggie se estremeci. Habra acertado Tanya cuando le dijo que estaba en otro mundo, que se aferraba a valores y creencias que ya no eran viables? Las chicas le
haban asegurado que compromiso, con C mayscula, era la palabra que corra de boca en boca, la que generaba expectacin y esperanza y lo que todo el mundo quera.
 - En el fondo, todos queremos que nos quieran - haba dicho Lisa -. Lo que pasa es que a nuestra generacin le ha costado mucho tiempo admitirlo. Nacimos cnicos.
Miramos a nuestros padres y sus estilos de vida y decimos "no, gracias". Preferimos ser solteros que arriesgarnos a pasar lo mismo que ellos. Los tiempos son diferentes...
nosotros somos diferentes. Vemos dnde se equivocaron ellos, lo importantes y valiosos que son los valores que ellos dejaron de lado por creerlos superfluos. Y lo
mejor es que, esta vez, son los hombres los que insisten en el compromiso. Amor, matrimonio, hijos, familia... de eso se trata ahora, Maggie. La generacin "yo"
y todo lo que representaba ha desaparecido. Ahora, lo importante es el "nosotros"... compartir, querer, amar. Es maravilloso.
 - Desde cundo ves todo de color de rosa? - haba contestado Maggie secamente. Sin embargo, las palabras de Lisa haban quedado grabadas en su memoria a pesar
de querer desterrarlas de ella por cmo la hacan sentirse.
Sin querer darle ms vueltas al asunto, pag y sali. del restaurante. Estaba a tan solo una hora de la finca. No iba a tardar mucho en decirle lo que pensaba de
su carta y, como no iba a quedarse a escuchar lo que tuviera que decir, estara de vuelta hacia Londres antes de que anocheciera.
Mientras iba hacia el coche, se dio cuenta de que haba bajado la temperatura y se abroch el abrigo.
 - He estado buscando un abrigo as por todo Londres - se haba quejado una amiga suya al vrselo -. Hay listas de espera de dos meses para comprarlo. Dnde diablos
lo has encontrado?
Maggie se lo haba dicho.
 - Shrewsbury? Dnde est eso?
Maggie advirti los nubarrones que se estaban formando en el horizonte. El campo estaba desnudo, las ovejas bien juntas unas al lado de las otras. Se acord de las
alpacas de Finn y sonri al recordar sus caritas, sus ojos tan grandes y aquellos cuellos tan largos que haban estirado cuando se haba acercado a verlas.
Se estaba volviendo loca? Qu haca sonriendo ante el recuerdo de unos animales de granja? Y lo que era peor, Por qu se preocupaba por ellas?
Aquella vez, encontr la carretera adecuada sin problema.
 - Ni siquiera tuvo que mirar el mapa para encontrar la desviacin a la finca Shopcutte.
Lo primero que vio al entrar fue que los rboles tenan menos hojas y lo segundo que el 4x4 de Finn estaba frente a la puerta principal.
Aquella sensacin rara que se le estaba formando en el estmago no tena nada que ver con arrepentimientos, verdad? No, claro que no...
Claro que no!
Aun as, aparc con cuidado. De hecho, hizo varias maniobras. "Para salir directa y airadamente", se dijo.
La semana anterior, para animarse, se haba dado el capricho de comprarse unas preciosas sandalias de ante y tacn alto. Completamente inadecuadas para el invierno,
s. Tambin se haba comprado el bolso a juego. Igual de inadecuado era el vestidito de gasa con un estampado de abejas que llevaba bajo el abrigo. La empleada haba
dicho que estaba "monsima" con l. Aquel comentario haba estado a punto de hacer que no lo comprara, pero, al final, no se haba podido resistir.
Se lo haba puesto para ir a ver a su abuela que le haba dicho encantada que se pareca a uno que ella habla tenido en los aos cuarenta.
 - Era uno de los favoritos de tu abuelo...
La esclavina de piel falsa haca efectivamente que pareciera de los aos cuarenta. Era un vestido perfecto para salir por Londres, no para lucirlo en mitad de la
nada para un hombre que lo nico que pensara sera lo inadecuado que era y que, probablemente, se apresurara a decrselo.
"Bien", pens saliendo del coche y cerrando la puerta. Le encant la idea de que Finn le diera ms motivos de enfado. No se lo haba puesto simplemente para contrariarle.
No, qu va.
Mientras avanzaba hacia la casa, se dio cuenta de lo tranquilo y silencioso que estaba todo. No haba brisa y el cielo estaba plomizo. Mir hacia arriba y le pareci
que le caa un copo de nieve.
Nieve. En noviembre. Se cerr el abrigo y corri hacia la puerta principal, que se abri de repente.
 - Finn! - exclam resentida.
 - Quin iba a ser? Vivo aqu - contest l echndose a un lado para que entrara. El vestbulo estaba mucho ms limpio de lo que lo recordaba del da de la subasta.
Se fij en el fuego de la chimenea y en los suelos de madera encerados mientras pensaba cmo se iba a enfrentar a Finn.
Tampoco era que necesitar preparacin. Al fin y al cabo, solo era un hombre. Un hombre que... Como si se hubiera hartado de esperar a que dijera algo, Finn se coloc
ante ella. A pesar del fro que haca solo llevaba una camiseta blanca que le marcaba el torso y le quedaba casi tan bien como los vaqueros desgastados.
Sin poder evitarlo, Maggie lo devor con la mirada. No le cost mucho imaginrselo sin camiseta, aquellos abdominales marcados que ella haba acariciado y besado.
Y aquella otra zona, un poco ms abajo, por la que haba seguido arrullada por sus gemidos...
Con la boca seca, intent dejar de mirarlo y se dio cuenta de que l la estaba mirando igual de intensamente. Pero no fue deseo lo que vio en sus ojos, sino burla.
Desde el esmalte oscuro que llevaba en las uas de los pies, pasando por sus sandalias y subiendo por el vestido. Se detuvo un momento en su cara y volvi a mirarle
los pies.
"Perfecto", pens Maggie comenzando a enfurecerse. "Que diga una sola palabra de desaprobacin y ... "
 - Ests preciosa.
Maggie se qued estupefacta y lo mir con la boca abierta. Y las palabras de burla que haba esperado or?
Mientras la miraba, Finn le pregunt si Maggie sabra el efecto devastador que tena sobre l aquel vestido que le marcaba deliciosamente cada centmetro de su femineidad.
Sin duda, lo habra comprado y se lo habra puesto pensando en su pareja. Finn se dej arrastrar por los celos y la furia.
 - Menos mal que la calefaccin funciona bien porque, si no, menudo resfriado te ibas a agarrar. Tengo el despacho en la biblioteca. Por aqu - aadi -. Me sorprende
que te hayas molestado en venir hasta aqu. Los abogados podran haberse encargado del contrato.
Maggie decidi no moverse de donde estaba.
 - No va a haber ningn contrato - le dijo.
 - No? - dijo Finn girndose hacia ella.
Lo haba dicho en un tono neutro y educado que hizo que Maggie se estremeciera levemente. No le haba gustado lo que acababa de or.
Bien! Y todava le quedaba por or algo ms que tampoco, le iba a gustar.
 - Cmo te atreves a intentar tenerme controlada? - pregunt Maggie tomando aire -. Cmo te atreves a decirme qu puedo y no puedo hacer y con quin?
 - Debo entender que lo que te ha trado aqu corriendo ha sido la condicin de que no puedas acostarte con tu pareja en Dower House? - pregunt Finn mirando de
nuevo sus sandalias.
 - Mis sandalias y con quin me acueste es asunto mo y solo mo - contest Maggie furiosa.
 - Y las condiciones que pongo para alquilar Dower House son asunto mo y solo mo - apunt l -. Acostarte con l es ms importante que tu abuela, Maggie?
Era como tener una placa de acero en la cabeza. Haba algo en l que le impeda pensar con lgica, que la haca reaccionar emocionalmente. Aquello la enfureci...
 - No, claro que no. Mi abuela... - se interrumpi al sentir un nudo en la garganta -. Esto no tiene nada que ver con lo que siento por mi abuela - aadi casi a
gritos -. Esto tiene que ver con mi derecho a vivir como quiera y a acostarme con quien quiera...
 - Como los dos sabemos, es algo que se te da muy bien - intervino Finn con cruel nfasis. Maggie se sonroj -. Pero que muy bien - aadi deliberadamente.
Maggie apret los puos.
 - Estoy dispuesto a alquilarle Dower House a tu abuela... Philip me cont su situacin - continu.
 - No tena derecho a hablarte de mi vida privada... - protest Maggie.
 - Deberas estarle agradecido - la interrumpi Finn de nuevo -. Por decirlo de alguna manera, te estaba defendiendo, me dio a entender que no queras la casa como
un juguecito al que venir con tu pareja, sino por razones ms altruistas.
 - Le dijiste que tena pareja? - pregunt Maggie alterada. Su abuela estaba chapada a la antigua y, si viviendo en Dower House, oyera algn tipo de cotilleo al
respeto, se sentira sorprendida y dolida por que no se lo hubiera contado ella -. Cmo te atreves ... ? Cmo te atreves a decir esas mentiras sobre m?
 - Mentiras? - intervino l echando chispas -. Yo? Pero si te o decirle "cario" por telfono desde mi casa - susurr imitando la voz de Maggie.
Maggie se qued mirndolo estupefacta.
 - Desde tu casa, solo llam a mi secretaria y a mi abuela - le aclar -. S, a mi abuela suelo llamarla "cario" a menudo - aadi recalcando la palabra.
Finn se qued de piedra. Era obvio que le estaba diciendo la verdad. Tambin era obvio que estaba muy enfadada. Tal vez quedara ms en l del analista financiero
de lo que crea. Se encogi de hombros y se prepar para salir airoso de todo aquello.
 - Bueno, he cometido un error.
Un error! Maggie tom aire y las abejas del vestido se movieron, o eso le pareci a Finn. Vio que le sala fuego por los ojos y hubiera jurado que haba crecido
dos centmetros de repente.
 - Has ensuciado mi reputacin, me has arrebatado Dower House, me has enviado la carta mas repelente que he recibido en mi vida, me has intentado decir cmo tengo
que vivir... y dices que has cometido un error?
Finn no poda apartar la mirada del enjambre de abejas que revoloteaban sobre el pecho de Maggie. Menos mal que ella, furiosa como estaba, no se daba cuenta. Aquellos
pechos... que saban tan bien, eran tan femeninos como parecan.
 - No te has olvidado de un delito?
El tono suave de Finn pill a Maggie por sorpresa. No quiso analizar por qu al verlo cruzarse de brazos y apoyarse en la pared sinti un leve escalofro por todo
el cuerpo. Sus brazos, tan musculosos y fuertes, tan perfectos para abrazar y proteger, tan tiernos cuando la haban estrechado. Haba algo en ellos que la haca
desear...
Se oblig a concentrarse en sus palabras. Por lo visto, se haba olvidado de algo en la lista acusatoria.
 - Me he acostado contigo.
Acostarse con ella? Era as como l lo vea? Como un delito? No le gust el dolor que sinti y decidi ignorarlo. As las cosas, le iba a dejar claro que hacer
el amor con l... no, acostarse con l... no haba significado nada para ella!
Fingi desinters, se encogi de hombros y desvi la mirada. Mentirle era una cosa, pero mentirle con aquella mirada penetrante suya era otra.
 - Soy adulta. Me puedo meter en la cama con quien me guste.
 - Con quien te guste? - repiti rpidamente.
Maggie se ruboriz.
 - Ninguno dijo que el sexo entre nosotros no estuviera bien.
Finn no quiso moverse. Si lo haca, no podra evitar abrazarla...
 - No he venido hasta aqu para hablar de sexo - dijo ella furiosa.
 - No, hablar de sexo es una prdida de tiempo, la verdad - contest l con un brillo peculiar en los ojos -. Sobre todo si...
Sabra lo adorable que estaba furiosa, avergonzada, deseable, la nica mujer...?
 - He venido a hablar de tu carta - lo interrumpi Maggie -. Cmo te atreves a organizarme la vida ofrecindome Dower House a un precio mdico? No necesito tu caridad,
Finn. Puedo pagar lo que cuestan las cosas y...
 - No lo hago por ti, sino por tu abuela - dijo l dejndola sin palabras -. T te lo podrs permitir, pero no creo que sea su caso - aadi levantando la mano cuando
Maggie fue a interrumpirlo -. S, s, ya s que quieres pagar t el alquiler, pero, si tu abuela es como los dems de su generacin, y supongo que lo ser porque,
despus de todo, de algn sitio tiene que haber sacado su nieta tanta independencia, querr pagarla ella.
Tena razn. Sinti un inmenso nudo de dolor y de culpa en la garganta que le impeda hablar. Cmo era posible que Finn hubiera encontrado un error en sus planes
que ella no haba previsto? Cmo haba sabido lo que iba a sentir su abuela y ella no?
No saba qu la molestaba ms: aquella recin descubierta sensibilidad de Finn hacia los sentimientos de una persona mayor que ni siquiera conoca o que esa sensibilidad
la hiciera sentirse culpable porque saba que tendra que haberla tenido ella. Era su abuela, no la de Finn.
 - Ya encontrar otra casa para ella - dijo desafiante.
Finn la mir de una forma que, inexplicablemente, hizo que el corazn saltara en su pecho.
 - S, estoy seguro d que la encontrars, pero, segn tengo entendido, queras Dower House precisamente por la relacin que hubo entre la casa y tus abuelos en
el pasado. Supongo que, despus de tantos aos casados, habrn vivido en mas casas...
Maggie lo mir furiosa.
 - Dower House fue la primera casa donde vivieron nada ms casarse - admiti.
Al mirarla, Finn sinti una peligrosa ternura hacia ella que le envolvi el corazn. Quera agarrarla y zarandearla por ser tan cabezota. Quera abrazarla y hacer
desaparecer el dolor que estaba percibiendo en sus ojos y en su voz.
 - Estabas muy unida a ellos?
Maggie no poda negarlo.
 - S - contest -. Me dieron un hogar, seguridad, amor, mientras que mis padres... - se interrumpi y se mordi la lengua. No debera de haber dicho todo aquello.
Finn ignor su reaccin y decidi presionarla. Lo intrigaba, lo sorprenda, lo enfureca y lo excitaba. Quera saber por qu era tan opuesta a l.
 - Mientras que tus padres qu? - insisti.
Maggie cerr los ojos. Ojal, aquella conversacin no hubiera empezado nunca. No hablaba de sus padres con nadie. Ni siquiera su amigas saban lo mucho que la actitud
despreocupada e indiferente de sus padres le haba hecho sufrir.
Todava vea la irritacin de su madre cuando le suplic que fuera a ver una obra de teatro en la que actuaba.
 - Vaya, cario, lo siento, pero James me ha invitado a cenar y, de todas formas, ya sabes lo mucho que me suelo aburrir en esas cosas...
S, claro que lo saba, saba lo mucho que se aburra con esas cosas y lo mucho que se aburra con su hija...
 - Nada, - contest Maggie.
Se gir para que no le viera la cara, pero l hizo un rpido movimiento y la agarr de los hombros.
 - Te hicieron sufrir, verdad?
 - No - grit Maggie todo lo fuerte qu pudo. Sin embargo, se dio cuenta de que l haba percibido el miedo y la angustia que esconda su mentira.
 - Maggie...
 - No quiero hablar de ello. Adems, no es asunto tuyo. Mis padres no eran diferentes a otros muchos de su generacin, que crean que tenan derecho a anteponer
su felicidad a la de los dems. Su error fue tener una hija como yo, que quera...
Horrorizada, Maggie sinti que se le llenaban los ojos de lgrimas. Intent zafarse de Finn y lo mir con furia. Se enfureci todava ms al ver compasin en sus
ojos.
Su cuerpo emiti un grito silencioso de ultraje que Finn oy. No quera que se compadeciera de ella.
 - No, Maggie - le dijo con dulzura -. El error fue no valorar el regalo que tenan.
Algo en su clida voz hizo que lo mirara, que se tranquilizara, que levantara la cara hacia l y...
En cuanto mir hacia abajo y se encontr con sus ojos nublados por le emocin, Finn supo que estaba perdido. Su mirada se pase por su cara y por sus labios. Sus
labios...
Maggie sinti la vibracin de su gemido. Cmo? Qu estaba haciendo tan cerca de l? Se apart rpidamente y lo mir con furia.
 - Ya est bien. Me voy... ahora mismo.
Se gir y fue hacia la puerta.
 - Aunque te ha quedado muy bien esa salida airada, me temo que no vas a poder ir a ningn sitio - le dijo Finn.
No la iba a dejar? Maggie sinti furia mezclada con placer sensual y excitacin... y prdida.
 - Por qu? - pregunt pensando qu hacer si l insista en que se quedara. Sinti que su cuerpo entero se calentaba ante ciertos pensamientos y recuerdos.
 - Mira - contest l abriendo la puerta.
Mientras discutan, el cielo se haba vuelto negro. Maggie ahog una exclamacin, pero no era por eso, sino porque l no hubiera querido que se quedara. Estaba nevando
sin parar, todo estaba cubierto por un manto blanco y soplaba un viento muy fro. Apenas vea su coche.
Maggie trag saliva y mir a Finn.
 - No es para tanto. Cuando salga a la carretera principal...
 - No - dijo Finn -. Hace un rato, estaban aconsejando que la gente no condujera porque haba riesgo de ventisca. Las carreteras, incluso las principales, podran
quedar bloqueadas. Ni siquiera con el Land Rover me atrevera yo a salir, as que no voy a permitir que te vayas en el tuyo.
 - Haba riesgo de ventisca? Y por qu no me lo has dicho?
Finn no tena respuesta para eso. Se lo haba preguntado desde que la haba visto llegar...
 - Porque no me has dado ocasin! Venas a soltar tu retahla y ya est...
 - Y ahora qu hago?
 - Solo puedes hacer una cosa - contest Finn -. Vas a tener que quedarte a dormir.
Maggie apret los dientes.
 - Qu tipo de condado es este? - pregunt irritada. Aquellas condiciones meteorolgicas tan cambiantes deban de ser exclusivas de la zona. Ella no haba odo
nada de ventiscas en la radio! Vados inundados, nevadas en noviembre -. Va la segunda que nos pilla juntos. En Londres, esto no pasa - aadi al ver la escena hostil
y peligrosa con la que se iba a tener que enfrentar.
El viento sopl echndole la nieve encima, dio un paso atrs y se meti en la casa. Tena la cara y las manos heladas.
 - Y las alpacas? - pregunt preocupada. Finn cerr la puerta antes de contestar.
 - Estn bien, estn acostumbradas al fro - contest tan serio como pudo.
 - Y las pequeitas? - protest Maggie recordando las cras que haba visto con sus madres.
 - No les pasar nada - le asegur Finn.
Maggie se qued mirando la puerta cerrada como si fuera a salir corriendo a ver qu tal estaban los animales, lo que habra sido un tanto vergonzoso para ella porque
estaban en una zona especialmente acondicionada, con balas de heno y un cobertizo para protegerse. Shane y l las haban llevado all aquella misma maana tras or
el parte meteorolgico. El mismo que le haba ocultado a Maggie!
 - En tiempos de tu abuela, seguro que haba ciervos por aqu - dijo intentando distraera -. Me apetece mucho conocerla. Debe de saber mucho de esta casa si vivi
en la finca. Los dos hijos de la familia que la tena entonces murieron en la guerra y pas a un primo segundo que ya tena una finca, todava ms grande, en Escocia.
 - Cmo que te apetece mucho conocer a mi abuela? - lo interrumpi Maggie -. Ya te he dicho que no va a venir a vivir aqu.
Finn se qued en silencio.
 - De verdad vas a ser capaz, Maggie? Si fuera otra persona, y no yo, la que te ofreciera alquilar Dower House, aceptaras?
Maggie se mordi el labio.
 - No quiero seguir hablando del tema - contest -. Te importara indicarme cul es mi habitacin? - aadi mirando a Finn.
 - Tu habitacin. Mmm... Mira t por dnde, hay un pequeo problema. Solo hay una habitacin habitable en estos momentos...
 - Una? - repiti ella sin dar crdito.
 - S, una - contest l tan contento.

Captulo 7

UNA habitacin!
Y se haban pasado lo poco que quedaba de da discutiendo quin de los dos iba a dormir en ella... ms bien, quin de los dos se iba a ir a dormir a uno de los dos
sofs del saln.
Al final, haba ganado Finn, pero solo porque ella se lo haba permitido despus de que l hubiera lanzado su rdago.
 - Como esta es mi casa, creo que la decisin de quin duerme en el sof es ma, as que, como anfitrin, quiero cederte mi cama a ti, en calidad de invitada.
Maggie apret los dientes al or "anfitrin" e "invitada", pero cedi. Y all estaba, mirando por la ventana de la habitacin de Finn al paisaje nevado e iluminado
por las estrellas. Se gir y mir la cama, algo que haba estado intentando no hacer desde que l la haba dejado all arriba haca una media hora tras sugerirle
que "se sintiera como en casa" mientras l preparaba la cena.
La cama era muy grande, como caba esperar por el tamao de la habitacin y del propio Finn. Muy grande. Lo suficientemente grande no solo para dos adultos grandes
sino tambin para varios nios. Nios! De dnde haba salido aquello? Y lo que era ms desconcertante por qu?.
"Piensa en la habitacin y no fantasees con cosas que... simplemente no pueden ser. Y que, adems, no quieres que sean!", se dijo a s misma.
Los techos altos con molduras eran tpicos de la poca en la que se construy la casa. Finn haba pintado las paredes de verde azulado y haba dejado las molduras
en blanco. Aunque le gustaba la ropa de cama en blanco, tal y como estaba, y el suelo de grandes tablones de madera, la habitacin peda a gritos algo ms clido
y suave.
Aquel suelo estara muy fro para los piececitos de los pequeos cuando llegaran al dormitorio de sus padres queriendo subirse a su cama, no invitaba a abrazos apasionados
de camino a la cama desde el bao. Le faltaba una buena alfombra. La habitacin necesitaba las telas y los muebles originales como los que tena su abuela, que,
una vez encerados con cera de abeja y esmalte de lavanda, quedaban preciosos.
Maggie suspir y parpade. Durante el rato que se haba quedado como traspuesta mirando la cama, haba visto a Finn tumbado en ella, apoyado en las almohadas, desnudo,
con aquel cuerpo tan fibroso, musculoso y provocativo, con el pelo revuelto de dormir, sonriendo ante su mirada...
Maggie se apresur a parpadear de nuevo para quitarse de la cabeza semejante imagen. Se acical en el bao contiguo y coloc las toallas limpias que Finn le haba
dado. Puso el enorme albornoz, obviamente suyo, al final de la pila.
Haba llegado el momento de bajar. Si no, Finn se iba a creer que quera que subiera a buscarla. Se apresur a ir hacia la puerta, no sin antes volver a mirar por
la ventana. Frunci el ceno al ver que estaba nevando otra vez. El tiempo deba de haber decidido ponerse en su contra, obligarla a quedarse con Finn.
 - Tendremos que cenar aqu - anunci l cuando Maggie entr en la cocina -. Supongo que tendr que contratar a algn decorador para que reforme la casa, pero, de
momento...
 - Por qu no me dijiste que habas trabajado en Londres?
Maggie dese no habrselo preguntado de forma tan abrupta. Normalmente, se comportaba con seriedad y profesionalidad. Se sinti avergonzada, pero sinti alivio al
ver que l no se enfadaba, sino que contestaba.
 - Es una etapa de mi vida que ha quedado atrs y que no tiene relevancia en la vida que llevo ahora. El dinero que gan entonces fue lo que me permiti elegir mi
futuro.
 - Cmo puedes decir eso? Todo lo que pasa en la vida de una persona tiene relevancia.
 - Te refieres a la relacin de uno con sus padres?
Los ojos castaos de ella se encontraron con los azules de l. Los primeros miraban con dolor y orgullo. Los azules no pudieron abrirse paso a travs de la coraza
a pesar de mirar con compasin.
 - La infelicidad que me produjo el desinters de mis padres fue suplido con creces por el amor que me dieron mis abuelos - contest Maggie -. T. obviamente, sigues
desconfiando de la gente de ciudad y de su forma de vida.
Finn tuvo que admitir con admiracin que tena una mente rpida, e, incisiva. Si haba algo que echaba de menos en su nueva vida solitaria era el murmullo de las
conversaciones, opiniones, noticias y puntos de vista de otras personas.
 - No del todo - contest encogindose de hombros -. Solo es que he cambiado por dentro y por fuera. El hombre que soy ahora quiere mucho ms de la vida aparte del
xito material. Adems - hizo una pausa para abrir el horno y mirar en su interior -, he visto a tanta gente destrozada por querer ser rica y poderosa, he visto
a tanta gente abusar de si misma y de los dems: por miedo al fracaso, que no tengo esperanzas.
 - No es vivir en la ciudad lo que origina eso - protest Maggie.
 - Puede que no, pero ayuda. La lasaa est casi lista - inform -. Dicen que no es bueno discutir antes de comer, as que sugiero que hablemos de otra cosa.
 - Tengo una idea mejor - dijo Maggie -. Por qu no comemos en silencio?
 - Una mujer que no hable! No saba que existieran - se burl Finn sacando la lasaa del horno.
Maggie le dirigi una mirada de reproche, pero consigui no hacer ningn comentario despectivo.
Media hora despus, con el estmago lleno, olvid su objetivo de no hablar.
 - Estaba muy buena - dijo -. Qu hambre tena - aadi dndose cuenta de que acababa de hablar. En lugar de burlarse por haber incumplido su propia norma, Finn
se qued mirndola.
Cuando se olvidaba de estar a la defensiva, haba una dulzura en ella que le atenazaba el corazn y la garganta. Y su cuerpo estaba reaccionando. Saba que le estaba
mirando peligrosamente la boca, sinti un apetito que no tena nada que ver con la comida y lo escondi antes de que ella se diera cuenta.
En el pasado, le haba parecido que el estilo de vida de los analistas financieros era estresante, pero nada comparado con la tensin que Maggie y l estaban construyendo.
A pesar de lo que el sentido comn y la prudencia le dictaban, no se poda contener.
 - Una mujer de ciudad a la que le gusta comer. Menuda sorpresa. Aunque no debera sorprenderme tanto. Al fin y al cabo... - se interrumpi para mirarla.
Maggie se tens esperando el golpe, pero, cuando lo recibi, no era lo que esperaba, como debi de dejar claro su expresin.
 - Al fin y al cabo - repiti Finn con voz sensual -, dicen que una mujer a la que le gusta el sexo le gustan tambin los dems placeres de la vida. Otra copa de
vino? - le ofreci sealando la botella de tinto que haba abierto al empezar a cenar.
 - No! No, gracias - contest Maggie intentando calmarse mientras luchaba contra la reaccin de su suave tono de voz.
Una mujer a la que le gusta el sexo. Tena que recordarle.. que atormentara ... ?
 - No s si habr dejado de nevar. Tal vez pueda irme - dijo Maggie aun a sabiendas de que se le estaba notando que estaba muerta de miedo. Hizo amago de levantarse,
pero se volvi a sentar cuando Finn le retir el plato vaco. Si se hubiera quedado de pie, habra estado demasiado cerca. Con solo pensarlo, se estremeci y sinti
pequeas descargas de placer. Nerviosa, agarr la copa de vino y bebi. Saba que Finn la estaba observando y aquello la pona todava ms nerviosa.
 - No ha dejado de nevar - dijo l -. No puedes irte. Aunque, no hubiera sido as, dudo mucho que, despus de haberte tomado tres copas de vino, fuera aconsejable
que condujeras.
Tres copas? Maggie estaba horrorizada. De verdad haba bebido tanto? Mir la copa que tena ante si.
 - Solo he tomado dos y media.
 - Me da igual. Sigue siendo ms de lo permitido. Adems, con esos zapatos tan ridculos que llevas, no puedes caminar sobre diez centmetros de nieve.
 - Diez centmetros? - repiti Maggie -. Te importara dejar de criticar mis zapatos solo porque no te gustan? - aadi con dureza.
Finn, que estaba metiendo los platos en el lavavajillas, se dio la vuelta y la mir con tanta sensualidad que la hizo jadear.
 - Yo nunca he dicho que no me gustaran. Simplemente, son inadecuados.
 - Dijiste "ridculos", no inadecuados - le record ella. Se sinti como si se estuviera agarrando a una pequea roca en mitad de una gran tromba de agua. Se puso
de pie -. Estoy cansada... me voy a ir a la cama. Espero que haya dejado de nevar por la maana y pueda irme pronto.
Por qu la mirada de Finn la estaba haciendo alejarse, sabiendo que los altos tacones estaban haciendo que su cuerpo se contoneara?
 - Me equivoqu. No son ridculos ni inadecuados - dijo como si le hubiera ledo la mente -. Son ms bien... provocativos.
Provocativos! Si lo que quera decir era que ella era as...
Por alguna razn, en lugar de darse la vuelta y exigirle que retirara lo que acababa de decir, lo que hubiera sido ridculo e inadecuado, Maggie se encontr huyendo
de l. De l o de lo que la haca sentir?
En el silencio de la cocina, Finn se pregunt qu ingrediente sutil tena su perfume que se quedaba tanto tiempo suspendido en el aire. La habitacin de la granja
haba olido a ella hasta el da que se haba mudado y la volva a tener en su dormitorio... en su dormitorio... en su vida... en su corazn...
Cerr la puerta del lavavajillas con amargura y lo puso en marcha mientras miraba el paisaje nevado a travs de la ventana. Nieve en noviembre? Inoportuna, inquietante
e imposible... cmo sus sentimientos por Maggie?
Maggie se despert de repente, preguntndose, a la luz de la lmpara que haba dejado encendida, dnde estaba. Record que estaba en casa de Finn, en la cama de
Finn. Finn.
Tena la boca seca del vino. Necesitaba un vaso de agua fresca. Se incorpor. Eran ms de las doce, retir las sbanas y se levant. Al abrir la puerta de la habitacin,
vio que todo estaba a oscuras. Se estremeci nerviosa. Aunque le costara admitirlo, le daba miedo la oscuridad.
Con dedos temblorosos, encendi el interruptor que haba visto junto a la puerta. Sinti un inmenso alivio cuando se encendi la luz. La casa estaba en silencio.
Haba preferido ponerse el abrigo antes que utilizar el albornoz de Finn. Le pareca demasiado peligroso ponerse algo suyo. Las luces de la escalera la hicieron
parpadear. Baj las escaleras y lleg al vestbulo. Estaba en medio cuando la puerta del saln de abri de repente y apareci Finn.
Deba de estar dormido, como ella, pero, a diferencia de ella, no le deba de importar mucho estar medio desnudo. Maggie intent frenticamente apartar la vista
de su torso desnudo. Se pregunt por qu no poda dejar de mirar su cuerpo, apenas cubierto por unos pantalones cortos.
 - Dnde diablos vas?
La rudeza de su pregunta le hizo gracia.,
 - A beber agua - contest ella mirndolo.
 - Vestida as? Crees que soy idiota? - dijo sin dejarla responder -. Ya veo las enormes ganas que tienes de irte, Maggie...
 - Irme? - repiti ella confundida -. Pero si no me voy...
 - Por qu llevas el abrigo puesto entonces?
El abrigo! Maggie haba olvidado que lo llevaba puesto. Ruborizada, se encogi de hombros.
 - Eh... bueno... yo... me lo he puesto para bajar... ya sabes... como si fuera la bata. No llevo zapatos - aadi -. Ni... - se call.
 - Ni? - le inst l recuperando la sangre fra con una velocidad envidiable.
Ante su silencio, insisti.
 - Si no me contestas, Maggie, voy a tener que fiarme de mi imaginacin, que me dice que.... - se interrumpi y jade antes de acercarse a ella -. Sabes cmo me
siento sabiendo que ests casi desnuda bajo el abrigo?
Maggie sinti que el corazn le lata con tanta fuerza que le resonaba en todo el cuerpo. La voz tan sensual de Finn haca que le resultara prcticamente imposible
respirar. Se sorprendi al darse cuenta de que la excitaba sobremanera que la deseara. La voz de la prudencia le indic que no dijera nada y siguiera andando, pero
hizo caso a otro instinto ms bsico que le deca que hiciera todo lo contrario, que lo retara.
 - Si me ests intentando decir que me deseas...
 - Qu? - la interrumpi l -. Prefieres que te lo demuestre?
Maggie ahog un grito cuando la abraz, pero no fue de sorpresa ni de protesta. No, era su propia reaccin ante l lo que la haca temblar violentamente. Sinti
el ritmo descontrolado del corazn de Finn a travs del abrigo. Como si le leyera el pensamiento, abri el abrigo y desliz las manos dentro.
 - Nada - lo oy susurrar -. No llevas nada debajo.
 - Estaba durmiendo - dijo ella intentando sonar indignada sin conseguirlo.
 - Durmiendo... en mi cama. Sabes cunto me apeteca estar contigo? Desde que...
 - Desde que llegu? - pregunt Maggie intentando controlarse en mitad de un torrente de pasin que amenazaba con llevrsela por delante.
 - No - contest l -. Desde que te fuiste.
Aquello fue demasiado. Maggie se rindi y cerr los ojos.
 - No ha habido una sola noche en la que no te haya deseado - aadi Finn inclinndose hacia ella y besndola con besos lentos y seductores, una cadena de besos
erticos que la ataron a l para siempre. Sus cuerpos se fundieron y Finn le acarici el cuello y el escote haciendo que se le pusiera la piel de gallina -. Qu
prefieres? - continu besndola en los labios -. T cama o la ma? La ma est ms cerca.. Podramos utilizar las dos... El fuego del saln todava est encendido...
Has hecho el amor alguna vez frente al fuego, Maggie, con la luz de las llamas iluminando tu adorable cuerpo y el de tu pareja?
Maggie se estremeci de placer ante las imgenes que su voz evocaba en ella.
 - No... - contest en un hilo de voz. Cerr los ojos al notar que se le estaban llenando de lgrimas. Con cuntas mujeres habra compartido Finn semejante placer?
Ella, con nadie...
 - No? Claro, olvidaba que chimeneas y ciudad no pegan mucho, verdad?
La dureza de su pregunta le doli.
 - No lo s - contest con sinceridad -. No he... no s... no ha habido - se interrumpi. No quera hablar, no quera desaprovechar el tiempo hablando y, desde luego,
no quera pensar en las mujeres que haba habido en la vida de Finn. Lo nico que quera era... se estremeci al intentar ignorar lo que estaba sintiendo. Qu le
ocurra cada vez que estaba cerca de l? Qu era aquello tan fuerte que le haca pensar que lo que haba entre ellos era lo ms importante del mundo?
 - Qu me ests intentando decir, Maggie? - pregunt l agarrndole la cara con ambas manos y mirndola a los ojos -. Que no ha habido nadie ms? - aadi con
desprecio -. Quieres que me crea que una mujer tan inteligente, deseable e irresistible como t lleva vida de monja?
Maggie se asust ante el placer que le daba orlo describirla as... y la expresin de deseo que haba en sus ojos.
 - Quera trabajar - contest sinceramente -, as que no tena tiempo para... relaciones.
Su mirada hizo que Maggie sintiera que se le sala el corazn del pecho.
 - Oh, Maggie... Maggie...
Ahog una exclamacin ante su voz apasionada mientras le meta los dedos entre el pelo para besarla....
 - Me haces sentir cosas que, ninguna otra mujer en mi vida me ha hecho sentir. Lo sabas? - le pregunt l varios minutos despus, tras besarla.
Maggie recuper la respiracin y sinti escalofros al verlo inclinarse de nuevo hacia ella.
Abrazados, fueron lentamente hacia el saln, donde se besaron con pasin y Maggie gimi al sentir las caricias de Finn por su cuerpo desnudo. Al ver el reflejo de
las llamas en el cuerpo de Finn cuando retir la manta del sof para colocarla frente a la chimenea sinti punzadas de deseo y no pudo evitar gritar de excitacin.
 - Qu te ocurre?
Su mirada ansiosa al dejar la manta en el suelo y correr hacia ella hicieron que se sonrojara ante lo explcito de sus pensamientos. Como si le hubiera ledo el
pensamiento, su ceo fruncido dio paso a una mirada tan sensual, que Maggie sinti que se derreta y no precisamente por el fuego de la chimenea.
 - Finn... - protest tan sorprendida de su deseo que le ech rpidamente la culpa a l. Antes de conocerlo, haba deseado ms un par de zapatos nuevos que a un
hombre, pero las cosas haban cambiado...
 - Ven - le orden l con ternura.
Maggie obedeci sin pensrselo sabiendo que no le estaba pidiendo nada sino ofrecindole, ms bien, lo que quisiera de l.
 - Mujer de ciudad y hombre de campo - susurr mientras acariciaba su cuerpo, hacindola temblar de placer -. Somos polos opuestos, pero nunca he deseado tanto nada
como tenerte cerca.
Maggie cerr los ojos para intentar bloquear el nudo que tena en la garganta, provocado por sus confusos sentimientos.
 - Bueno, ya me tienes cerca - consigui decir. - No todo lo cerca que quiero - murmur l mientras exploraba con las yemas de los dedos sus pezones -. Piel con
piel, cuerpo con cuerpo, boca con boca. As de cerca quiero estar de ti, Maggie.
Oy cmo se le aceleraba la respiracin; lo sinti inclinarse sobre su cuello, besndola con pasin por el brazo, llegar a sus dedos, chuprselos y lamrselos hasta
que crey que se iba a desmayar del deseo que haba explotado en su interior.
Maggie grit su nombre cuando se arrodill frente a ella y le bes la cintura, la curva de la cadera, el ombligo... Se aferr a su brazo, sorprendida de cunto lo
deseaba. A la luz del fuego, vio las marcas que le haba dejado con las uas y se inclin sobre l. Se estremeci al sentir su aliento en la piel.
Finn estaba modelando sus caderas, tocndole las piernas. La tumb en el suelo con delicadeza y se coloc encima. Maggie no dej de mirarlo y de admirar su perfeccin.
Le puso la mano en el hombro y le acarici la clavcula, el pecho y los pezones con los ojos oscurecidos por la lujuria.
 - Cunto tiempo ms me vas a atormentar?
El apetito que detect en su voz dispar sus sentimientos con el mismo efecto devastador que sus erticos mordiscos haban tenido en su carne. Mil, ms bien, un
milln de chispas de deseo se encendieron en su interior.
Finn la agarr del tobillo y acarici lentamente sus delicados huesos. Maggie se estremeci y emiti un sonido gutural de placer mientras l tomaba su pie entre
ambas manos y le besaba el empeine.
 - Yo te atormento?
Maggie lo dijo sin apenas darse cuenta. Se acerc a l y lo apret contra s con manos temblorosas mientras se maravillaba ante la calidez de su piel y la fuerza
de sus msculos.
Hicieron el amor de forma salvaje y apasionada. Finn la agarr de las caderas de forma posesiva mientras ella cabalgaba sobre su cuerpo, encantada de dominar el
momento y de controlar la fuerza de las embestidas. Con cada una, senta la respuesta de su propio cuerpo y le pidi que fueran ms profundas y rpidas... ms fuertes,
para satisfacer el apetito sexual que l mismo haba creado.
Con el cuerpo empapado en sudor, Maggie se arque para recibir el orgasmo y Finn la mir, asimilando el triunfo de verla sucumbir al placer. Los reflejos de las
llamas baaron su cuerpo, sacudido por oleadas de placer. El gemido final de Finn se perdi con las respiraciones entrecortadas de ambos.

Captulo 8

MAGGIE, soolienta, se dio la vuelta disfrutando de la calidez de la cama de Finn, que estaba abajo preparando caf para los dos. Maggie sonri al estirarse sensualmente
bajo las sbanas. No solo estaba disfrutando de la calidez de la cama, sino del recuerdo del cuerpo de l y de cmo haban hecho el amor la noche anterior.
La ternura que haba demostrado tras haber hecho el amor con tanta intensidad segua emocionndola, como cuando se haba levantado en busca de un par de enormes
y suaves toallas. Con una le haba secado todo el cuerpo y con la otra la haba tapado.
Maggie, completamente relajada, se haba quedado dormida y Finn la haba despertado al cabo de un rato dndole besos y dicindole que estara ms cmoda en la cama.
 - Si t vienes tambin - haba contestado ella.
 Se haba despertado con los primeros rayos de luz. Finn estaba durmiendo a su lado y se haba quedado mirndolo y disfrutando de su cercana. Haba estudiado su
cara y tocado su cuello con las puntas de los dedos antes de deslizarlos hasta el vello de su torso para pasar a continuacin a besarle el cuello para despertarlo.
Al ver que segua dormido, haba hecho amago de alejarse, pero, de repente, Finn dio un rugido y la atrap entre sus brazos.
Durante la lucha que sigui, l le bes y acarici todas las zonas sensibles del cuerpo.
 - No es justo - protest Maggie al verse inmovilizada. Finn le haba puesto los brazos a los lados del cuerpo y no se poda mover. l, sin embargo, se lo estaba
pasando muy bien besndola desde la cara hasta el pecho. Al sentir la lengua en los pezones, arque la espalda y se abandon, dej de protestar y se olvid del juego
porque l deseo haba hecho acto de presencia.
Maggie cerr los ojos.
 - No te has quedado dormida, verdad? - dijo l entrando con la bandeja del desayuno.
Maggie se incorpor y sonri.
 - Sigue estando nevado? - pregunt mientras l se inclinaba a dejar la bandeja. Maggie, convencida de que la iba a besar, se entristeci cuando no fue as. Finn
se irgui y mir por la ventana.
 - S - contest algo bruscamente -, pero se est derritiendo...
Derritiendo. Eso quera decir que se poda ir. Una parte de ella se habra alegrado increblemente si le hubiera dicho que haba nieve para varios das.
 - El desayuno - anunci Finn sealando la bandeja que haba dejado en la mesilla -. Y no te hagas la chica de ciudad y me digas que no quieres.
Maggie evit adrede la mirada burlona de Finn. Normalmente no desayunaba, pero, siempre que dorma con l, se levantaba con tal hambre, de comida, que su abuela
habra estado encantada de verla tomarse un buen desayuno.
El que tambin se levantara con hambre de Finn era algo en lo que no quera pensar!
Se gir y tom el vaso de zumo de naranja mientras se preguntaba qu le parecera a l si supiera lo que estaba pensando despus de la noche que haban pasado. Se
supona que su apetito sexual debera estar ms que saciado.
Se ruboriz levemente. El letargo que estaba invadiendo su cuerpo era algo completamente nuevo, como haba sido la noche de amor que haban compartido. Al haberse
criado con sus abuelos, era bastante pudorosa, aunque fuera ridculo para una mujer de su edad tan sofisticada como ella, pero as era. Se senta cohibida a la hora
de hablar de ciertas cosas... por ejemplo, de lo que Finn le haca sentir.
Baj la mirada y vio cmo l daba un mordisco a la tostada. Se haba puesto una bata antes de bajar, pero no se la haba atado y... Maggie - pase la mirada por
su torso desnudo y, sin poder evitarlo, baj hasta que sinti que se le aceleraba la respiracin al ritmo de los latidos del corazn.
Crea que Finn no se estaba dando cuenta, pero...
 - No hagas eso - le advirti - porque te voy a...
 - Cre que habas dicho que tenas que ir a ver a las alpacas - le record ella.
No lo dijo porque no lo deseara, sino todo lo contrario.
 - Hmm... ya te has hartado de m? - brome Finn.
 - No... nunca... - contest ella con vehemencia.
No le dio tiempo a avergonzarse por lo que acababa de decir. Finn dej la taza de caf y le agarr la cara con ambas manos.
 - Eso no es lo mejor que me puedes decir si quieres que me vaya a ver al ganado.
Maggie aguant la respiracin hasta que sinti sus clidos labios sobre su boca. Suspir cuando el beso se hizo ms profundo.
Para cuando Finn sali, por fin, de la habitacin el caf se haba quedado fro.
Maggie se levant sin prisas y bendijo las nuevas telas de la ropa interior, que permita lavarla y tenerla seca al da siguiente. A juzgar por su experiencia, la
prxima vez que fuera a Shorpshire, hara mejor en llevarse una muda.
Estaba bajando las escaleras cuando son su mvil. Era un cliente que necesitaba con urgencia una directora, ya que la que tena se iba a Boston para estar con su
novio.
Maggie tena all el ordenador porttil y, a los pocos minutos de la llamada, ya haba confeccionado una lista de posibles sustitutas para su cliente y se la haba
enviado por correo electrnico. Menos de una hora despus, sentada en la cocina con una taza de caf recin hecho, se felicit a si misma por la eficiencia con la
que ya haba concertado las entrevistas oportunas.
Mientras se paseaba por la cocina, se dio cuenta de que no era la rapidez con la que haba solucionado el problema de su cliente lo que la haba alegrado tanto.
No, lo que la tena eufrica era haberse dado cuenta de lo fcil que le resultaba trabajar sin estar en Londres. Si se mudara a Shrewsbury, tendra que seguir manteniendo
sus contactos en Londres, pero, si se organizara bien, con reuniones cada dos semanas, reuniones que le permitieran ir a dormir a casa, claro...
A casa...
Se par en seco y mir por la ventana. La nieve se estaba deshaciendo a toda velocidad, pero no era la nieve lo que estaba mirando. Casa... se le eriz el vello
de la nuca.
Casa y Finn. Desde cundo aquellas dos palabras se haban convertido en sinnimos? Cundo se haba convertido Finn en algo tan importante y vital en su existencia
como para considerar su casa su hogar? Y cundo se haba empezado ella a dar cuenta de todo aquello? La noche anterior? Porque haban hecho el amor? No sera
ms correcto admitir que esos sentimientos haban estado ah desde la primera vez que se haban tocado?
Haba luchado contra ellos, decidida a acabar con ellos, a negarlos y a aniquilarlos. Entonces, le haba dado miedo lo que significaban, lo vulnerable que la dejaran,
pero las cosas haban cambiado. Algo haba cambiado. Ella haba cambiado. Cmo y por qu no lo saba. La mente era incapaz, a veces, de analizar los sentimientos,
y la suya no acertaba a saber cmo la furia y el miedo haban dado paso a la aceptacin de su amor, que haba surgido como una pequea chispa y haba ido creciendo
desde que se conocieron.
Ahora lo vea claro, saba lo que era... toda una revolucin en su forma de ver las cosas. Tena la necesidad de dejar entrar en su vida una ola de deseo que barriera
las antiguas represiones y barreras contra el amor a las que se haba aferrado con tanto temor. Estaba sintiendo alivio al quitarse una carga que no saba que llevara,
una carga que se haba traducido en ver la vida con tanta responsabilidad, que crea que enamorarse era un lujo que no poda permitirse.
A diferencia de sus padres, que haban vivido de forma egosta y hedonista, concentrados en disfrutar del momento y sin pensar en el dao que podran generar a los
dems en el futuro, ella haba decidido que tena que ser responsable y suprimir sus sentimientos si fuera necesario para conseguirlo.
De repente, se dio cuenta de que algo tan radical, de que tamao sacrificio, no era necesario. La inmadurez de sus padres era culpa suya y solo suya, no del amor
en s. Ahora entenda que amor y responsabilidad podan ir de la mano, que compromiso e independencia podan coexistir.
La primera vez que le haba dicho a Finn que lo quera, se haba odiado a s misma por el miedo que haba sentido nada ms hacerlo. Por eso, se haba dicho que se
haba equivocado, que no lo quera, pero ahora se daba cuenta de que tendra que haber escuchado a su corazn desde el principio. En el futuro... sonri feliz mientras
canturreaba. Se ruboriz al darse cuenta de que estaba tarareando la Marcha Nupcial.
Se ri. Conociendo a Finn como lo estaba empezando a conocer, sospecho que, si hubiera podido leerle el pensamiento, habra sugerido con una de sus irresistibles
sonrisas que la composicin de Haendel que tanto gustaba a los organizadores de fuegos artificiales habra sido mucho ms apropiada.
Un cuarto de hora despus, cuando Finn entr en la cocina, se la encontr trabajando con el porttil.
 - Cinco minutos - le dijo - y termino.
En ese momento, son el telfono y ella contest con seriedad y profesionalidad.
 - No te preocupes - dijo tras escuchar a una chica que acababa de colocar en una empresa financiera -. Si estamos hablando de acoso sexual, yo personalmente hablar
con el director. Vuelvo esta tarde a Londres, as que podemos desayunar maana, si quieres...
Finn, de pie detrs de ella, apret los dientes. Cmo demonios habla pensado que iban a poder compartir algo? Una relacin a distancia, Maggie en la ciudad y l
en el campo, nunca funcionara. Sera como tener que conformarse con comida basura cuando se quiere algo mejor... algo que se pueda saborear como l quera saborear
a Maggie y todo lo que senta por ella. Aquellos sentimientos no podran satisfacerse con breves encuentros ni convertirse en un compromiso serio. Saba que, sintiendo
lo que senta por Maggie, no se conformara con formar parte de su vida de forma parcial.
Finn la mir. Estaba hablando sola, tan concentrada en lo que estaba haciendo que no haba reparado en su presencia.
Unos segundos ms y habra terminado... Maggie pens en lo que iba a hacer. Las irreprimibles ganas que tena de lanzarse en brazos de Finn y decirle lo que senta
eran tan fuertes, que amenazaban con hacerla olvidarse de su trabajo, pero tena sus obligaciones...
 - Ya est - dijo suspirando aliviada -. Terminado. Qu tal las alpacas? - sonri dndose la vuelta hacia l -. Finn, qu te pasa? - aadi dejando de sonrer
al ver la expresin de su cara.
 - Maggie, esto no puede seguir - dijo bruscamente.
Tuvo que girarse para no mirarla. De lo contrario, traicionara sus verdaderos sentimientos y lo ltimo que quera era suplicarle que se quedara con l, que dejara
su vida de Londres y se fuera a vivir con l. Al fin y al cabo, ya saba la respuesta.
Sus duras palabras, la dejaron helada y en silencio. Saba que, si intentara hablar, se pondra a llorar.
Lo que se mora por or era lo mucho que haba significado la noche que haban pasado juntos, que le haba abierto los ojos y haba decidido que lo suyo no poda
ocupar un segundo plano en sus vidas. Como cualquier mujer enamorada, quera or que sus sentimientos eran correspondidos. Quera que Finn le dijera que la quera
y que nunca se iba a separar de ella. Sin embargo, en lugar de eso, lo nico que oa era el eco de sus palabras retumbando en su maltrecho corazn.
Desesperada, intent hablar.
 - Anoche... - consigui decir en un hilo de voz.
 - Sexualmente, la qumica entre nosotros es explosiva - la interrumpi -. Eso no lo podemos negar. Nunca he... - se call entristecido.
 - Nunca has qu? - lo inst Maggie, decidida a hacer ms dao -. Nunca habas conocido a una mujer ms dispuesta a irse a la cama contigo? - aadi con una sonrisa
que le impeda a l ver sus verdaderos sentimientos -. Disfrutar del sexo no es un delito, no? Los hombres lo hacis continuamente.
Se dio cuenta de que era como si el corazn se le estuviera secando, como si se estuviera marchitando, pero, de ninguna manera, iba a dejar que l se diera cuenta.
Cmo se poda haber equivocado tanto? Cmo haba sido tan tonta de creer que haba algo especial, que algo haba sucedido que iba a cambiar sus vidas? Solo porque...
solo porque la haba mirado, la haba tocado, la haba hecho sentir y pensar que era importante para l...
Le temblaban tanto las manos, que apenas poda guardar el porttil.
 - Ya casi no hay nieve - anunci -. No hay motivo para que quede ms tiempo.
 - No te olvidas de algo? - dijo Finn mientras ella iba hacia la puerta.
Por un momento; Maggie pens que solo haba sido una broma, que la haba puesto a prueba, pero, al darse la vuelta, vio que lo que le iba a decir no iba a ser precisamente
una declaracin de amor. Apret los dientes desesperada por no derrumbarse delante de l.
 - De qu?
 - No hemos solucionado lo del alquiler de Dower House - le record Finn.
Cmo poda pensar en eso en un momento as?
"Cmo estoy tan loco?", se recrimino a s mismo. Saba que no deba arriesgarse a volver a verla, pero no poda evitarlo y all estaba, agarrndose a la ltima
excusa que se le haba ocurrido, aun a sabiendas de que, si su abuela viva all, Maggie ira a visitarla.
 - Queras que cumpliera la condicin de no venir nunca con mi inexistente novio a Dower House - contest sin saber cmo no se le quebraba la voz -. Pues mira, te
voy a prometer algo mejor. No voy a venir nunca.
 - No vas a querer ver a tu abuela? - pregunt l con el ceo fruncido.
Se haba credo que iba a poner de excusa a su abuela para verlo a l?. El orgullo la impidi irse abajo.
 - Por supuesto que s - contest -, pero no tengo por qu molestarle con mi presencia. La puedo ver en Londres.
Abri la puerta y pis la nieve sin reparar en ella. Mientras la vea avanzar hacia el coche, Finn pens que todava estaba a tiempo de correr hasta ella y decirle
que no poda dejar que se fuera. Maggie abri la puerta del coche y aguant la respiracin.
Finn estaba en la puerta principal, muy cerca. Solo la separaban de l unos pasos. Las lgrimas le nublaban la vista. Qu le haba dicho? "Esto no puede seguir
... "
No podra haberle hecho ms dao. Haba dejado muy claro que no la quera volver a ver. No tena ms opcin que alejarse de l. Al menos, su orgullo, lo nico que
le quedaba, quedara intacto porque su corazn estaba hecho pedazos.

Captulo 9

PRONTO sera Navidad. Maggie ya saba lo que le iba a regalar a su abuela. Siempre y cuando sus abogados y los de Finn tuvieran el contrato de alquiler de Dower
House listo y firmado a tiempo.
Finn.
Maggie se haba ido de Shorpshire jurando que nunca volvera a tener contacto con l, pero, al visitar a su abuela, la haba encontrado ms triste y delicada que
nunca.
 - Echo mucho de menos a tu abuelo - le dijo -. Esta casa est tan vaca sin l, sin su alegra, sin su sentido del humor, sin su amor por la vida. l era mi fuerza,
Maggie, y sin l...
Se interrumpi y mir al horizonte. Maggie sinti que se le rompa el corazn.
Angustiada, se haba puesto a hacer planes... lo ms importante una carta a Finn que haba escrito con todo su corazn al imaginrselo abrindola y leyndola.
El correo electrnico que le haba enviado l la haba pillado por sorpresa. Tal y como le explicaba escuetamente en el mensaje, se haba tenido que comprar un ordenador
porque cada vez estaba ms liado con las obras de la casa y la gestin de la finca.
Saba que su abuela esperaba que pasara las fiestas navideas con ella, como de costumbre, y que iba a querer ir a la tumba de su abuelo la maana del da de Navidad,
as que, aunque el contrato estuviera en orden a tiempo, tal vez no pudieran ir a Dower House aquel mismo da. Por eso, estaba confeccionando un lbum con cosas
sobre la casa y sobre los primeros das de casados de sus abuelos para regalrselo a su abuela el da de Navidad.
Hasta el momento, haba conseguido sacar de los lbumes de su abuela varias fotografas de los dos en Dower House. Al verlos tan jvenes y enamorados, Maggie haba
sentido que se le haca un nudo en la garganta.
A travs de sus abogados, Maggie le haba pedido a Finn una fotografa actual de la casa explicndole para lo que era, pero no haba obtenido respuesta an.
Haba preguntado a su abuela en varias ocasiones por los das felices de recin casados para ver si, as, consegua animarla.
Le habl de las rosas preferidas de su abuelo y Maggie se haba lanzado como una loca a buscarlas para plantarlas en el jardn de Dower House. Como era de esperar,
Gayle haba dado con una empresa que las tena y Maggie haba ido a verlos para explicarles lo importante que era para ella conseguirlas. Para su alivio, le haban
dicho que no haba ningn problema, pero que esa especie en concreto haba que plantarla nada ms llegar al destino.
Habra que esperar a que su abuela se hubiera mudado a Dower House y el jardn estuviera acondicionado para mandarlas llevar. La empresa le haba regalado un libro
sobre la especie para regalo para su abuela.
Tena una fotografa de su abuelo cuando era joven y quera hacer un montaje con la fotografa actual de Dower House, pero tendra que esperar hasta que Finn diera
seales de vida.
La inestimable ayuda de Gayle, la convenci de que su secretaria se mereca sin duda la paga extra que haba pensado darle por lo bien que haba trabajado durante
todo el ao.
Al volver al trabajo le sorprendi que le dijera que haba cambiado.
 - Cambiado... en qu sentido? - pregunt Maggie enseguida.
 - No estoy segura - contest Gayle -, pero pareces distinta, menos... acelerada - aadi casi en tono de disculpa.
 - Acelerada? - repiti, confusa. Desde luego, siempre se haba enorgullecido de la entrega con la que trabajaba, pero no le gust mucho que la describieran as.
Tampoco le gustaba descubrirse a s misma mirando al vaco pensando en Finn.
Tena su trabajo, sus amigas, su abuela y sus planes. No iba a ponerse a pensar a aquellas alturas que no era suficiente solo porque... Por qu? Porque Finn no
la quisiera?
Maggie frunci el ceo y agarr el abrigo. Tena una cena con una cliente que le iba a proponer que se fusionaran.
Bella Jensen era una divorciada de cuarenta y pico aos que, tras su ruptura, haba montado una pequea empresa de informtica que iba muy bien. Le haba contado
a Maggie que haba tenido la satisfaccin de que la empresa de su ex marido le hubiera rogado que trabajara para ellos porque, sin sus conocimientos de informtica,
estaban perdidos.
Su marido haba vendido la empresa que haban montado juntos antes de divorciarse diciendo que Bella no haba contribuido en nada. As que cuando haba tenido que
desdecirse, ella haba disfrutado de lo lindo. Aparte de la compensacin econmica que le haba tenido que dar, claro...
De aquello sac en claro que cada, vez ms empresas demandaban personal con amplios conocimientos de informtica y haba tenido relacin con Maggie precisamente
por eso.
A Maggie le caa bien y, en otra situacin, habra estado encantada de salir con ella a cenar, pero pareca haber perdido la capacidad para disfrutar de las cosas.
Le pareca como si su vida, en presente y en futuro, se hubiera ido a pique... Por qu?
De verdad no lo saba?
Le costaba mucho no dejarse llevar por la idea de que el rechazo de Finn haba sido el mismo que el de sus padres, que no la queran. No, eso habra sido hacerse
la vctima y eso no lo iba a permitir jams.
Como era de esperar, Bella haba elegido uno de los restaurantes ms d moda de Londres, que estaba situado en un hotel.
 - Me encanta tu traje - le dijo entusiasmada al saludarse con un abrazo en el vestbulo -. Has adelgazado - aadi mientras las conducan a su mesa -. Me he apuntado
a clases del mtodo Pilatos, pero solo he ido a una - admiti mientras miraban la carta.
El restaurante estaba lleno. Maggie mir a su alrededor y vio varias caras conocidas de la prensa y la televisin.
 - Me dijiste que tenas en mente un nuevo negocio del que queras hablarme, no? - le record a Bella.
 - Mmm... como sabrs, con la llegada de tantos bancos estadounidenses a la City, han llegado muchsimos ejecutivos del otro lado del Atlntico.
Maggie asinti.
 - Ms de la mitad de mis empleados vienen del Silicon Valley y estoy pensando seriamente expandir mi empresa por Estados Unidos. Tendr que conseguir un socio all,
pero no hay problema. Lo que quiero saber es si a ti te interesara quedarte con aquellos de mis empleados que quieran quedarse en el Reino Unido.
 - Bella, yo soy cazatalentos, no...
 - No me digas que no todava. Pinsatelo - dijo Bella con determinacin -. Tienes madera para hacerlo. No hay mejor para cuidar de mi gente que t. Econmicamente,
te vendr bien. Al menos en teora, uno puede trabajar desde cualquier rincn del mundo con todo la tecnologa moderna y el hecho de que yo vaya a estar en Estados
Unidos no tendra por qu cambiar nada. Sin embargo, mis empleados son activos muy valiosos, algunos tienen personalidades muy frgiles que hay que mimar. Y eso,
a ti, se te da bien, Maggie. Lo que haba pensado era una sociedad en la que... Guau!
Bella se interrumpi.
 - Mira esa mesa de ah - dijo -. Mmm - suspir -. No hay nada mejor en el mundo que un hombre fuerte y guapo para hacerla sentir a una mujer. Y ese de ah, desde
luego, es muy hombre.
Maggie mir en la direccin que le estaba indicando Bella y se qued petrificada. El hombre que haba obnubilado a Bella era Finn. Finn, all, en Londres, ciudad
que aborreca, y cenando con una mujer de las que supuestamente hua: una deslumbrante y elegante castaa que estaba inclinndose sobre la mesa y ponindole la mano
sobre la mueca con un sonrisa...
 - Maggie, ests bien?
Sin saber muy bien cmo, consigui tragarse la bola de dolor e ira y dejar de mirar a aquellos dos que, obviamente, no haban reparado en su presencia.
 - S, s, estoy bien - minti -. Bella, lo siento, pero me temo que me voy a tener que ir. Se me olvid cuando qued a cenar contigo que tena otra cosa que hacer.
Se levant, desesperada por salir del restaurante antes de que Finn la viera, desesperada por escapar de aquella situacin que la estaba destrozando.
Bella estaba muy sorprendida y no paraba de decirle que pensara en lo que le haba propuesto.
 - S, s - le prometi Maggie.
Por favor, por favor, que pudiera irse sin que Finn la viera...
Finn intent disimular su impaciencia mientras su abogada le contaba los problemas que haban tenido con el contrato de Dower House.
Maggie haba pedido fotografas, as que l mismo se haba pasado una tarde entera haciendo fotos de la casa por dentro y por fuera. Las tena en el maletn y pensaba
llevrselas en persona. Las podra haber mandado por correo, pero, como tena que ver a su abogada, le haba parecido ms lgico drselas en mano.
 - No me puedo creer que, por fin, haya conseguido que vengas a Londres - dijo Tina inclinndose y dndole un golpecito en la mano -. Finn, ests ah?
 - Lo siento - se disculp -. Qu mes estabas diciendo ... ?
 - He estado hablando con Paul y parece que, por fin, tenemos el contrato listo.
Paul era su marido y socio. Finn los conoca de sus tiempos en la City.
 - Por cierto, sabes qu? Paul quiere comprar un sitio ms grande. Tienen contratos con tantas empresas que...
Se interrumpi cuando el ruido de una silla sobre el inmaculado suelo de madera rompi el silencio del local. Ambos miraron en la direccin oportuna.
Maggie... all... Finn no se lo poda creer. Se levant, pero Maggie ya estaba casi en la puerta. - Finn, qu te pasa? - pregunt Tina divertida.
 - Nada... no quiero meterte prisa, pero tengo que ver a otra persona.
Maggie... Finn sinti que se le sala el corazn del pecho. Debera sentirse avergonzado por la satisfaccin que le produjo ver que Maggie estaba cenando con una
mujer.
El dolor de perderla que se haba convertido en algo permanente en su vida se convirti en un agonizante deseo.
Si amarla era un infierno, vivir sin ella era todava peor, pero no podra soportar una relacin a tiempo parcial, saberse por detrs de su trabajo.
Finn quera que lo deseara y que lo amara con el mismo grado de compromiso que l la deseaba y la amaba.
Recogi los papeles que Tina le haba dado y abri el maletn para meterlos. Bajo el sobre de las fotografas de Dower House, llevaba unos cuantos folletos de apartamentos
de un dormitorio, por si Maggie...
Cerro l maletn y dio un beso de despedida a Tina.
No haba avisado a Maggie de que quera verla por si se negaba. Tom un taxi y le dio su direccin al conductor rezando para que se hubiera ido a casa.
En cuanto dej el abrigo y el bolso y se hubo quitado los zapatos, Maggie entr como un huracn en la cocina y se puso a abrir todos los armarios. Daba igual que
tuviera el congelador lleno de chile, tena que hacer ms. Hacer chile la tranquilizaba y le recordaba que era una mujer adulta e independiente que poda hacer lo
que quisiera.
Excepto dejar de amar a Finn.
Se par en seco al or el timbre. Sera la vecina para contarle sus problemas con su actual novio.
No era su vecina... era Finn...
Se pregunt qu habra hecho para que Bill lo dejara entrar.
Finn supuso lo que estaba pensando mientras recordaba la historia lacrimgeno que le acababa de contar al portero.
 - Me juego la vida dejndolo entrar sin avisar - le haba dicho.
Finn rez para que, si algn da la conoca, la abuela de Maggie le perdonara haber utilizado
su nombre, pero aquello fue mucho ms eficaz que el dinero que le haba dado.
Maggie se dej invadir por el deseo y lo mir con hambre. El traje que llevaba enfatizaba su cuerpo musculoso.
Se apart de la puerta y vio que tena la marca de unos labios en la mejilla. Sin poder evitarlo, se qued mirando imaginndose lo que la seductora castaa habra
hecho para convencerlo de que se quedara.
 - Te he trado unas fotografas... de Dower House - dijo Finn cerrando la puerta -. No quera que se perdieran en el correo y, adems, tena que venir a Londres
a ver a una persona...
 - S, ya te he visto con ella en el restaurante - lo interrumpi Maggie con fiereza mientras su cerebro le aconsejaba que se controlara su lengua -. Es obvio que
algunas mujeres de ciudad s cuentan con tu aprobacin. Ser mejor que te vayas, por favor.
 - Pero...
 - S, que te vayas - insisti Maggie -. Ahora mismo.
Consigui llegar a la puerta sin tocarlo.
 - Es una suerte que en la ciudad no haya vados inundados de repente ni se desaten tormentas imprevistas - dijo agarrando el pomo de la puerta con dolor -, as que
no vas a tener que... Oh! - dijo cuando se fue la luz.
Su secreto miedo a la oscuridad era un recuerdo de la infancia que la mortificaba, pero no puedo evitar sentir pnico.
Intent controlarse.
 - Han debido de ser los fusibles - dijo sin poder moverse del sitio.
 - Ms bien parece un apagn general - contest l. Por su voz supo que iba hacia el saln -. Est todo a oscuras. No se ve ni una sola luz.
Todo a oscuras. Sin luz. Maggie empez a temblar.
 - Estamos en la ciudad. Aqu no se producen apagones de repente.
 - Claro... igual que los vados no se inundan as como as y no nieva en noviembre - dijo l con sarcasmo -. Bueno, te guste o no, no pienso irme y dejarte sola
hasta que vuelva la luz.
Aunque le diera vergenza reconocerlo, aquello la alivi profundamente.
 - Seguro que la chica que te acompaaba en el restaurante sera ms divertida que yo - aadi para castigarse por ello.
 - Tina? Es mi abogada. Su marido, Paul, y ella son amigos mos desde que trabajaba aqu.
Su abogada. Maggie dio gracias a la oscuridad por esconder su sonrojo y, ms importante, la oleada de felicidad que la recorra de pies a cabeza.
 - No hay necesidad de que te quedes - insisti sin embargo.
 - Si crees que te voy a dejar sola en una situacin as...
Maggie sinti que se le disparaba el corazn. Saba que, si l se iba, ella se quedara hecha un ovillo hasta que volviera la luz.
 - Tienes velas?
 - S... s, tengo. Estn... en la cocina - contest aterrada ante la idea de tener que ir a la cocina a oscuras. Prefera quedarse donde estaba.
Esper con la boca seca a que Finn le dijera que fuera por ellas.
 - Vamos a buscarlas - dijo -. T me guas - aadi agarrndola de la mano.
Oh, qu bendicin. Maggie cerr los ojos y tom aire. Finn estaba all para protegerla y darle el valor que necesitaba para ordenar a sus piernas que se movieran
hacia la cocina.
Senta a Finn detrs de ella mientras abra la puerta del armario donde estaban las velas y las cerillas. Al darse la vuelta para drselo todo, se encontr con que
lo tena tan cerca, que sus cuerpos se tocaron y, de la agitacin, se le cayeron las cerillas.
Ambos se agacharon a recogerlas al mismo tiempo y Maggie sinti su aliento clido en la cara. Sinti un salvaje deseo por l y luch contra l como pudo.
Aunque se estuviera comportando como un caballero, no poda volver a creer que significaba algo y, menos, que ese algo fuera a impulsarla a decirle que ya no crea
imprescindible vivir en la ciudad, que poda vivir desde el campo y llevar la empresa desde all. Y tampoco le iba a contar las innumerables noches que se haba
pasado en vela pensando en l y en las que habra dado cualquier cosa, lo que fuera, por estar con l, por estar entre sus brazos, por verse en su cama, envuelta
en su amor.
Oy el ruido de la cerilla al encenderse y vio los rasgos de la cara de Finn iluminados por la llama antes de que la tapara con la mano y encendiera las velas.
Qu tenan las velas que nada ms encenderlas hacan que cualquier sitio, por muy normal que fuera, se convirtiera en un lugar sensual y romntico? Al levantarse,
vio que Finn miraba la cocina.
 - Ests haciendo chile? - pregunt con el ceo fruncido.
 - S, por qu? - dijo ella a la defensiva -. Me gusta. No creo que sea asunto tuyo.
 - Espero que te guste, s - dijo l ignorando la ltima frase - porque tienes para dar y regalar. Has aprendido a hacerlo en estos meses?
Su mirada penetrante la estaba poniendo nerviosa.
 - No llevas zapatos - aadi Finn -. Qu bajita eres - aadi sonriente.
 - De eso nada - protest Maggie indignada.
 - Cmo que no? Bajita, cabezota y... - se interrumpi para dejar la vela en la encimera antes de acercarse a ella.
Maggie se ech hacia atrs presa del pnico y, al hacerlo, tir al suelo las velas, que se apagaron.
La oscuridad la hizo gritar.
 - Maggie, qu te pasa? Ests bien?
 - No, no estoy bien - le espet -. Odio la oscuridad. Me da miedo.
En el silencio que sigui a su confesin, se maldijo a s misma por haber abierto la boca. Por qu se lo haba dicho? Iba a creer que era tonta, pero no pudo evitar
seguir.
 - Me da miedo y me...
 - Yo odio las araas - dijo Finn -. Me dan pavor. Suelo tener pesadillas...
Maggie escuch su respiracin en la oscuridad. Saber que haba algo que le daba miedo a Finn y el hecho de que s lo hubiera contado hizo que sintiera una oleada
de amor protector.
 - Lo tuyo, por lo menos, tiene solucin, pero las araas no se van.
Sin pensar en lo que estaba haciendo, Maggie dio un paso hacia l.
 - Qu te parece si t me proteges de las araas y yo te protejo de la oscuridad? - propuso Finn.
Deba de haberse acercado tambin porque oa su voz muy cerca de su odo y senta su brazo alrededor de la cintura y sus labios...
 - De verdad crees que es una buena idea? - susurr Maggie. Con los labios de Finn tan cerca apenas poda respirar o hablar.
 - Mmm. S, y esta es todava mejor - murmur abrazndola y besndola con pasin.
Maggie sinti que se le iba la cabeza cuando su cuerpo, completamente arrebatado por el deseo, se fundi con el de Finn.
 - Dios mo, Maggie, si supieras lo mucho que te echado de menos. Cunto te he deseado - gimi l.
Maggie solo pudo abrazarlo y abrir la boca a su lengua. Con los ojos cerrados, la oscuridad no le importaba porque vea lo nico que le importaba. A Finn. Le toc
la cara y percibi su excitacin.
Con una necesidad que la sorprendi, Finn la estaba desnudando sin parar de temblar.
 - Dios mo, qu suave eres - jade en su cuello -. Tu olor en mi cama me estaba volviendo loco. Todas las noches, cierro los ojos y te veo... y quiero tocarte.
Ests en el aire que respiro, Maggie, en todos mis pensamientos... en mi corazn... y en mi alma.
Maggie ahog una exclamacin al sentir la palma de su mano sobre su pecho desnudo.
 - Desndame, Maggie. Mteme en tu cama. Demustrame que me deseas. S la mujer apasionada que s que puedes ser, a la que no le da miedo que el amor sea lo ms
importante de su vida.
Aquellas palabras llenaron su corazn de deseo salvaje.
 - No hay nada ms importante que t... y esto - aadi Finn -. Bsame, Maggie. Demustrame que me deseas - suplic besndola.
La oscuridad, temida y enemiga durante tantos aos, se haba convertido de repente en la aliada bajo cuyo cobijo poda dar rienda suelta a lo que le estaba pidiendo.
Hicieron el amor rpida y apasionadamente, entre ruido de botones y cremalleras, jadeos y gritos de placer, sobre todo, el de Maggie cuando Finn la coloc sobre
la encimera y se introdujo en su cuerpo. Entonces, se dio cuenta de lo mucho que lo haba echado de menos, de lo mucho que su cuerpo anhelaba su posesin.
Tras su orgasmo, lleg el de Finn, que la inund.
Mientras la retiraba de la encimera sin parar de besarla, Maggie no poda dejar de temblar y de intentar analizar lo que haba ocurrido.
 - Maggie, Maggie... - repeta acaricindole la cara con los pulgares y borrando las huellas de las lgrimas que haban seguido al orgasmo -. Quiero...
Ambos parpadearon cuando volvi la luz. Maggie vio que le haba araado el hombro. El suelo de la cocina estaba lleno de ropa y ola a pasin... y a Finn. Quera
suplicarle que se quedara, que hara lo que fuera para compartir su vida con l. La intensidad de sus sentimientos la hizo sentirse dbil. Sinti deseos de meterse
en la cama y taparse hasta la cabeza. No, lo que quera en realidad era meterse en la cama con l y apretarse contra su cuerpo mientras l la abrazaba y le deca
cunto la quera.
Pero no la quera.
Sin poder soportar la idea de mirarlo, se visti a toda velocidad
 - No te puedes quedar. Quiero que te vayas... - Finn tambin haba terminado de vestirse.
 - Maggie... - dijo.
Pero Maggie no quera orlo, estaba a punto de suplicarle que le hiciera un hueco en su vida. Pas de largo a su lado y se dirigi al saln.
Finn la sigui, maldicindose en silencio. Cmo no iba a querer que se fuera despus de cmo se haba comportado? Por qu diablos no haba ido ms despacio? No
lo saba acaso? Verla, olerla... haba sido suficiente para desatar la pasin que senta por ella. Al pensar en el momento en el que haba entrado en su cuerpo,
en su hmedo y clido interior, en...
Haba cruzado el saln e iba hacia el pasillo, obviamente decidida a que se fuera.
 - Maggie... espera... tengo el contrato para que lo mires. Tina me lo acaba de dar. Y las fotografas de las que te he hablado... - dijo agarrando el maletn y
abrindolo.
Maggie se gir y lo mir. Llevado por la desesperacin, Finn haba tirado el maletn y se le haban cado todos los papeles al suelo. Lo vio recoger todo y se qued
de piedra al ver los folletos de Londres -. Te vas a comprar un piso aqu? - pregunt confundida.
Finn sinti ganas de mentir, de decirle que era para un amigo, pero de qu le servira?
 - S - contest -. No quiero una relacin a tiempo parcial contigo. Cre que era mejor dejarlo por completo que vivir en los lmites de tu vida, entre citas de
negocios, sabiendo que mi amor por ti era menos importante que el trabajo, pero lo que he sentido estas ltimas semanas me ha hecho cambiar de opinin. Una de las
razones por las que he venido a Londres ha sido para verte y... decirte.. preguntarte si... sera de ayuda si durmiramos un par de noches a la semana en Londres.
As...
 - Haras eso por m? - pregunt ella sin dejarlo terminar -. Estaras dispuesto a comprarte un piso en Londres para verme...?
Su voz y su mirada hicieron que a Finn se le acelerara el corazn.
 - Por tu amor, Maggie, hara... hara lo que fuera - admiti -. Puede que vivir en la ciudad sea un infierno, pero vivir sin ti es peor todava, es el dolor total.
 - Oh, Finn - suspir Maggie corriendo a sus brazos.
Finn la abraz y la bes con pasin.
 - Lo haras, Maggie? Me dejas entrar en tu vida para compartirlo todo contigo?
 - Durante dos noches en Londres? - pregunt Maggie mirndolo a los ojos.
La esperanza y el dolor que vio en ellos le rompieron el corazn. Aunque no le hubiera dicho que la quera, no haca falta. Lo estaba viendo en su cara.
 - S. Lo haras? - repiti Finn.
Maggie neg con la cabeza lentamente.
 - No - dijo.
 - No... - repiti l blanco de la impresin y de la angustia -. Maggie... - se interrumpi cuando ella le puso un dedo sobre los labios.
 - No, Finn, t ya has hablado - le dijo con ternura -. Ahora me toca a m. Esta noche, cuando te vi en el restaurante, casi me muero de celos. Cuando me dijiste
que lo nuestro no poda ser, recuerdas?, me sent la mujer ms desdichada del mundo.
 - Recuerdo haber dicho algo, haber sentido... sabido que me iba a volver loco si no encontraba la manera de estar juntos como pareja y no como enemigos.
 - Yo cre que me estabas diciendo que no me queras - susurr Maggie -. Te estaba esperando a que volvieras de ver al ganado para decirte...
Se interrumpi y le acarici el brazo con dedos temblorosos. Sinti que, pese a la inocencia de sus caricias, Finn se tensaba.
 - Maggie ... ? - suplic Finn.
 - Perdn - se disculp sonrojndose -. No era mi intencin... es que me encanta tocarte.
 - Maggie - le advirti casi gimiendo.
 - S - dijo ella recordando al conversacin -. Bueno, mientras t estabas fuera estuve pensando que no me resultara difcil en absoluto trabajar desde Shorpshire
- aadi mirndolo.
 - Por qu no me lo dijiste? - pregunt l desesperado.
 - Yo... porque me pareci que me estabas rechazando - contest Maggie.
 - Rechazndote... - Finn cerr los ojos y tom aire -. Despus de haber hecho el amor como lo habamos hecho? Me ests diciendo que hemos estado estas ltimas
cuatro semanas separados y podramos haber estado juntos? Me he pasado todos los das y todas las noches desendote, Maggie. Dios, qu noches. Te haces una idea
de...?
 - S - contest ella con sinceridad -. Me lo imagino perfectamente! - exclam intentando controlar la enorme felicidad de saber que la quera tanto.
 - De verdad ests dispuesta a trabajar desde Shorpshire para estar conmigo? - pregunt Finn sin podrselo creer.
 - Me parece de sentido comn - contest ella -. Todo el mundo est frenando el ritmo de trabajo actualmente y anteponiendo la vida personal a la laboral. En mi
trabajo, es muy importante estar en la misma onda que el cliente.
 - O sea que es una decisin de negocios?
 - No del todo - contest ella encantada ante sus besos. De repente, abri los ojos y lo mir muy seria -. No tendr que llevar botas, verdad, Finn? Porque no me
las pienso poner a menos que...
 - Sean de marca?
 - Mmm - dijo ella dejndose llevar por el placer de sus besos.
 - Mmm - dijo l arrebatado por el deseo.
 - Finn, qu ests haciendo? - pregunt Maggie. Llevaban seis horas casados. Se haban redo en secreto al or en el altar la Marcha Triunfal de Haendel, pieza
que haban elegido despus de que Maggie le hubiera contado sus pensamientos de aquella fatdica maana.
Despus de haber dejado a su abuela en Dower House tras la celebracin, estaban yendo hacia el aeropuerto para irse de luna de miel. Sin embargo, en lugar de ir
hacia el aeropuerto, Finn estaba...
Maggie mir por la ventanilla sin poderse creer que Finn estuviera yendo hacia el vado en el que se haban conocido.
Cuando par el coche en mitad del agua, ella lo mir acusadora. Llevaba puestos unos pantalones blancos de seda y unas de sus sandalias de tacn de aguja preferidas.
 - Cuando nos conocimos, hubo algo que quise hacer y que me arrepent siempre de no hacer- dijo Finn.
Al ver el brillo en sus ojos, Maggie sinti una excitacin femenina muy especial.
 - Y de qu se trata? - brome intuyendo a qu se refera. Si se hubieran besado entonces, tal vez, se habran ahorrado muchos momentos amargos, pero de ellos haban
aprendido ambos el valor del amor de verdad y ambos se respetaban en una relacin en la que los dos eran completamente iguales.
 - De esto - contest Finn bajando del coche y yendo hacia su puerta. Maggie dej que la bajara y se ri encantada esperando que la besara. Sin embargo, Finn le
dio unos cuantos azotes en el trasero.
 - Finn... - protest indignada a pesar de que no le haba hecho dao y que le haba parecido de lo ms sensual. Sin embargo, se call porque, por fin, la estaba
besando y lo estaba haciendo con pasin.
 - Y esto... - aadi l -. Cmo fuiste tan loca como para jugarte tu precioso e irremplazable cuello cruzando el vado en tu coche? Cuando pienso en lo que te podra
haber pasado... Qu te ocurre?
 - Mis zapatos - contest Maggie -. Se me han cado...
 - Bien. As no podrs escaparte de m - dijo Finn volvindola a meter en el coche. Maggie le dijo algo al odo.
 - Descalza y qu ms?
 - Ya me has odo - ri Maggie -. Adems, no pienso escaparme nunca. Te quiero demasiado. - Tanto como yo a ti.
 - La abuela est feliz en Dower House - coment Maggie encantada de camino al aeropuerto.
 - Mmm... y ms que va a estar cuando le demos la buena nueva despus del viaje.
Se miraron con amor. La noticia del embarazo de Maggie era demasiado reciente como para compartirla con nadie ms. Tal y como Finn le haba dicho aquella misma maana
"era la prueba de amor ms maravillosa que le poda haber dado, aparte de ella misma, claro ... "
 - Lo dicho - dijo Maggie -. Eres un hombre de campo chapado a la antigua que quiere que su mujer est descalza y embarazada!
 - No - la corrigi Finn con ternura -. Lo que quiero... lo nico que quiero... es que seas feliz, Maggie.

 - Bien - dijo el cfiro frotndose las manos y mirando por encima del ala del nuevo -. Esos dos ya estn. Los siguientes...
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UN FUTURO CONTIGO - PENNY JORDAN - 1


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